PREPARACIÓN
Comenzaremos por escoger un plato hondo de los que utilizamos habitualmente para comer. Para este tipo de ritual jamás debe emplearse un plato nuevo o poco usado, ya que estamos buscando unificar el simbolismo de la alimentación cotidiana lograda a partir del dinero que nos permite comprar los alimentos, con el simbolismo del círculo y la proyección mágica de la sal.
Tras respirar sosegadamente unos minutos, entraremos en relajación. Cuando lo consigamos, visualizaremos aquello que pretendemos lograr: ahorrar. Si el objetivo del ahorro es, por ejemplo, comprar una casa, podemos visualizar en nuestra pantalla imaginaria dicho inmueble. Si por ejemplo lo que buscamos es ahorrar cierta cantidad, visualizaremos los números que la forman. Lo verdaderamente importante es crear una imagen que sea fácil de recordar y que identifique perfectamente el motivo del ahorro.
Una vez hayamos logrado la perfecta visualización, debemos de coger el papel de petición y escribir en él aquello que buscamos. Al final del texto incluiremos la fecha, nuestro nombre y apellidos y lo firmaremos.
Llenaremos un vaso con agua de mar, que tendrá la propiedad de dar más fuerza al ritual. Acto seguido, introduciremos en el vaso los cuatro clavos de hierro. Su función será producir herrumbre, que será la manifestación de la destrucción de los acontecimientos que nos impiden lograr el ahorro. Podemos cambiar el agua marina una vez por semana, pero jamás secaremos los clavos. Si se desprendiese alguna partícula de óxido, usaremos un colador al cambiar el agua para devolver después las partículas de óxido a su lugar de origen.
En actitud de concentración, colocaremos en el centro del plato la hoja de petición, sobre ella situaremos nuestra libreta de ahorros o un documento que acredite aquello que estamos guardando. Encima de todo ello debemos de poner el vaso con los clavos y cubrir su boca con el billete de curso legal.
Tomaremos los doce clavos de aluminio entre las manos y nos concentraremos de nuevo en pensar sobre el ahorro. Los clavos simbolizan las acciones que emprenderemos para poder guardar dinero, por tanto, al tenerlos entre las manos estamos cargándolos energéticamente.
Pasados unos momentos, colocaremos los clavos de acero sobre el plato, de manera que cada uno de ellos coincida con la hora de un imaginario reloj. Así, situaremos uno a las 12, otro a la 1, a las 2, etc. Lo importante es que la cabeza del clavo esté en contacto con el vaso, de manera que su punta quedará orientada hacia el exterior. Al hacer esta acción, estamos logrando que la protección obtenida desde el vaso se canalice por los clavos de acero que, al apuntar en todas direcciones, crean un campo energético favorable para nuestros propósitos.
Una vez tengamos colocados todos los clavos, procederemos a derramar la sal común sobre ellos. Evidentemente, dicha sal cubrirá la base del plato, pero no debe tapar la punta de los clavos.
Con el paso anterior ya hemos finalizado prácticamente el ritual, únicamente restará concentrarnos de nuevo llevando a la mente la idea del ahorro.
Acto seguido, cuando de nuevo hayamos visualizado la cantidad o finalidad de nuestro ahorro, invocaremos con convicción y en voz alta:
Esferas insondables, Genios y Arcángeles protectores, Dioses de los bienes, poderosa Sal de las aguas y de la tierra, escuchadme.
Que este plato en el que he comido, siga colmando mi vida y saciando mi existencia. Que esta agua de mar me ayude y me proteja y que quien me quiere mal o se atreva a impedirme lograr mis objetivos, se encuentre con la adversidad de la herrumbre en su vida, así como ocurrirá con estos clavos aquí presentes.
Que estos clavos de acero, fuertes, robustos e incorruptibles que apuntan en todas las direcciones, me ayuden a recorrer todos los caminos necesarios y precisos para así obtener el beneficio suficiente y poder con él lograr mis objetivos.
Finalizada la invocación, permaneceremos unos cinco minutos en silencio y acto seguido nos encaminaremos con el preparado hacia nuestro dormitorio, ya que debe ser justo debajo de la cama y en la zona en la que habitualmente dormimos, donde guardemos el preparado todos los días.
Cuando por cuestiones de lógica higiene, llegue el momento de limpiar el suelo de la habitación, sólo el poseedor del preparado mágico deberá tocarlo y retirarlo del lugar en el que se ubica para proceder a la limpieza. En ese período de tiempo, el ritual debe de guardarse en un lugar oscuro, alejado de la mirada de los demás.
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