Sobre la mesa de trabajo tiraremos sal para crear un lecho sobre el que albergaremos la cartulina de petición y, siempre que el tamaño o peso lo permita, situaremos también el objeto a vender.
Alrededor del objeto o cartulina y en coincidencia con los cuatro puntos cardinales, debemos colocar cuatro pequeños montículos de sal común. Sobre dichos montículos descansarán después convenientemente protegidas las velas.
Llegado el momento de trabajar las velas, primero unciremos cada una de ellas con un poquito de sal mezclada con el aceite de oliva. De esta manera estamos sacralizando la acción y consiguiendo que las velas emanen todo su poder de protección durante el ritual.
Comenzaremos con la vela negra. Escribiremos o grabaremos con un palillo la palabra «adversidad», ya que el color de este cirio tiene por objeto condensar toda posible adversidad que haya durante el proceso de venta. Tras grabarla, la prenderemos con una cerilla de madera y la situaremos sobre el montículo de sal que está orientada en la posición norte.
Seguiremos con la vela blanca. Su color nos representa como vendedores. Si la negra nos elimina la adversidad, la blanca tiene la misión de protegernos y darnos toda la fuerza espiritual necesaria para poder lograr una buena actuación. En dicha vela debemos grabar nuestro nombre y dos apellidos. Seguidamente la colocaremos sobre el montículo de sal que está en la posición sur y la encenderemos.
Finalmente recurriremos a las velas rojas. Su color es la fuerza, la vitalidad, la pasión y la energía. Es un color ideal para las transacciones comerciales en la que seguro tendremos que acabar por negociar. En ambas velas debemos de grabar una palabra que haga alusión a lo que estamos vendiendo y pondremos también la cantidad aproximada que esperamos obtener por la venta. Situaremos las dos velas rojas en las posiciones este y oeste respectivamente, y procederemos a encenderlas con dos cerillas diferentes.
Al tiempo que las velas están ardiendo y que contemplamos el conjunto del ritual, nos concentraremos de manera profunda llevando a nuestra mente una idea de purificación y armonía. Después invocaremos:
Oh, entidades que crepitáis en el fuego, Os invoco con fuerza y convencimiento para que purifiquéis el objeto que me dispongo a limpiar con la ayuda de la sagrada sal.
Vela Norte, Vela Negra. Tú que riges la oscuridad de la tiniebla, la ausencia del color, protégeme o mí y a este objeto aplacando a mis posibles enemigos.
Vela Sur, Vela Blanca. Tú que manifiestas el poder de la luz, de la fuerza positiva, ayúdame. Dame la espiritualidad necesaria para ser positivo y armonioso en este tránsito que pronto se iniciará.
Velas Rojas del Este y del Oeste, acudid en mi ayuda. Vosotras que representáis el poder de la acción, de lo material, por favor irradiad toda vuestra fuerza material sobre el objeto que me dispongo a purificar.
Dejaremos que las velas ardan tranquilamente mientras llenamos un recipiente de vaporización con el agua salada. Acto seguido, colocaremos dos conos de incienso o dos lamparillas vaporizadoras en las posiciones este y oeste. Dejaremos que humeen y así ayuden en la purificación durante al menos cinco minutos.
Transcurrido ese tiempo, llega el momento de efectuar la irrigación. Para ello nos concentraremos ahora en la venta del objeto y en el precio que deseamos obtener por él. Si se diera el caso de que conocemos a la persona que quizá nos lo compre, será perfecto que esté en el ritual, aunque sólo en nuestros pensamientos. Estableceremos la visualización al menos durante unos cinco minutos.
Con el vaporizador en la mano y sin dejar de pensar en la venta, comenzaremos a efectuar varias aspersiones al aire de manera que el agua con sal caiga lentamente tanto sobre el objeto como sobre el conjunto del ritual. Al lanzar el agua debemos decir: «purifico y venderé».
Una vez hayamos lanzado agua entre tres y cinco veces, nos dirigiremos a la posición norte y desde allí lanzaremos dos chorros de agua, uno sobre el objeto y un segundo sobre la vela negra, procurando no incidir directamente sobre la llama. Después haremos lo propio con la posición sur, donde tenemos la vela blanca. Concluiremos lanzando agua dos veces desde las posiciones donde se encuentran las velas rojas.
A partir de este momento, el objeto ya está purificado, pero no debemos secarlo todavía. Antes trazaremos con un poco de sal una línea que una cada uno de los puntos cardinales donde se encuentran las velas, de manera que al final lograremos un rombo protector.
Abandonaremos la sala y dejaremos que las velas se consuman hasta el final. Cuando ello ocurra, podremos secar el objeto o en su defecto limpiar un poco la cartulina. Después debemos recoger todos los restos de la operación y guardarlos hasta que la venta sea efectiva. El ritual habrá concluido.
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