Estos hijos de Venus necesitan tener de todo un poco, y se enfadan realmente cuando les falta algo que ellos consideran esencial, aunque, por supuesto, no sea una necesidad de primer orden. Además Libra gusta de rodearse de placeres; en ese sentido, es tan caprichoso como un niño.
Al ser tan sensible a las intenciones ajenas, Libra piensa que los demás pretenden atarle con sus lazos afectivos. Por eso, muchas veces, no quiere comprometerse y se rodea de un escudo protector de frialdad y distanciamiento. El nativo Libra tampoco soporta ser mangoneado por nadie, y cuando recibe una orden categórica se cierra en banda.
Otro de los puntos flacos del signo es la necesidad que tiene de buscar el equilibrio de los platillos de la balanza. Libra tiene la sensación de que siempre que elige algo se pierde lo otro, y por eso se pasa la vida divagando, pidiendo opiniones y considerando cuál es la mejor opción. Su indecisión no tiene límites, pero cuando se le apremia, se pone aún más nervioso.
La necesidad de meditar las cosas antes de hacerlas es tan exagerada, que a Libra le falta espontaneidad y naturalidad. Además eso hace que parezca vago y apático en muchas ocasiones.
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