Se suele decir que el amor es otro de los motores que impulsan a este peculiar nativo. Es más, en muchos libros de Astrología se dice que Libra es el gran don Juan del Zodiaco. En realidad, y gracias a su siempre apacible y armoniosa imagen, a su sonrisa encantadora, a la dulzura de su voz y a lo refinado de su comportamiento, Libra consigue desarmar al más fiero contrincante con su mera presencia. La paz es su gran aliada. Una vez que las murallas desaparecen y las puertas se abren, al nativo sólo le queda hacer un refinado paseo triunfal que le permita de la manera más elegante que se pueda imaginar, llenar sus arcas y disfrutar de los placeres que se le presenten por el camino.
Esto puede dar mucho que pensar si se tiene en cuenta que estamos ante un signo en el que el egoísmo innato está muy arraigado. En general, tras los actos de todo Libra se esconde una fría y calculada estrategia que pasa desapercibida a primera vista tras una impecable y bella imagen. Seguramente tras esa facilidad para adaptarse a los demás se encuentre una de las más pérfidas conductas, puesto que agasajando a los demás, Libra siempre pretende conseguir aquello que anhela. El magnetismo personal, el carisma y el encanto son las armas preferidas por el nativo de un signo cuya política es siempre apaciguadora de ánimos y pacifista, pero que jamás baja la guardia ante nadie ni ante nada.
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