El estado de enamoramiento simbolizaría la forma en la que Libra desearía vivir constantemente. Hay algo dentro de él que le dice que es posible, que no hay más que atreverse a dar el gran paso, pero por otra parte, y Libra siempre ve las dos caras de la moneda, es muy consciente del riego que conlleva ir por la vida con el corazón en la mano. El error radica en pretender llegar a un estado de equilibrio a través del control de la mente. La felicidad va más allá, es un don que nace de la espontaneidad y de la falta de propósito, pero eso Libra parece no saberlo.
Libra teme en parte dejarse llevar por los instintos. Su lucha por mantenerse alejado del deseo es constante, ya que conoce a la perfección las consecuencias que ello le depararía. Sin embargo, tal y como ha demostrado la ciencia, hay un alto componente hormonal asociado a los estados de éxtasis y felicidad cuyos activadores están íntimamente relacionados con las partes más primitivas y vegetativas del cerebro.
Soltar la mente para que vague a la deriva y zambullirse en el gran mar de la vida es el gran reto que no cesa de acechar a Libra. El esfuerzo que ello implique, el desgaste y los posibles daños, servirán de excusa perfecta para disfrutar del más merecido de los descansos que tanto gustan al signo.
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