- Aceptar su manera de hacer las cosas, y no imponerle un método determinado.
- Ser afable con él -o con ella- y estar dispuesto a mantener una conversación distendida con frecuencia.
- Ser capaz de sopesar los pros y los contras de todo cuanto se vaya a hacer sin perder un ápice de paciencia.
- Dejar que sea el nativo del signo quien se encargue de decorar el entorno, y no criticar nunca el cuadro que cuelgue de la pared o la planta que coloque junto a la ventana.
- Evitar las tensiones, las palabras subidas de tono y los reproches.
- Darle tiempo para decidirse. A Libra no hay que meterle prisas nunca.
- Escuchar su juicioso punto de vista. Cuando Libra está seguro de algo, normalmente ha llegado a esto después de muchas cavilaciones, y probablemente sea lo más acertado y sensato.
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