A la hora de tratar con la gente, Leo exige un comportamiento digno, respetuoso y además amable. Le gustan las personas distinguidas, con un estilo propio y un carácter muy personal. El León no soporta la vulgaridad, el desaliño o la dejadez.
Leo se identifica con lo más elevado y por eso adopta gustosamente el papel de bondadoso protector. A Leo le encanta hacer de anfitrión o mostrarse magnánimo con los demás. A Leo no le importa que otras personas más débiles se apoyen en él -o ella- siempre que le rindan la debida pleitesía.
Entre sus vicios más destacados están el juego, la especulación, la fiesta y el lujo. Leo se permite todos los caprichos del mundo, bebe el mejor champagne y fuma el tabaco más caro. Todo aquello que para muchas personas puede ser prohibitivo, para Leo son chucherías habituales.
Leo es un gran aficionado a los deportes de riesgo, los desfiles de alta costura, las carreras de coches, los espectáculos, y cómo no, a las fiestas de alto copete.
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