La cólera y la rabia muchas veces son las precursoras de otro tipo de apasionadas emociones que a la larga no son nada beneficiosas para este signo. Tanto el corazón como la tensión vascular sufren las consecuencias. Además hay que recordar que Leo es un signo fijo que tiende a repetir ciertas experiencias en la vida dando la sensación de que siempre está atascado en lo mismo. Evitar a toda costa entrar en este tipo de emoción sería lo ideal; claro está que para el signo en cuestión este comportamiento implicaría un giro de ciento ochenta grados en sus costumbres y su forma de enfrentarse con la vida.
El trabajo y las realizaciones personales pueden ser también otro de los agujeros negros por los que el nativo de este signo se siente atraído y que son parte de su perdición. El problema de Leo es que en algunas cuestiones se comporta como si su naturaleza fuera casi divina. Se olvida de que en esta vida hay unos límites que se deben de respetar y que por mayor que sea la satisfacción que se pueda conseguir a través de la realización personal, es vital saber parar a tiempo.
El sol y el aire fresco son dos de las medicinas naturales del signo. Los ambientes agradables a la vista también pueden obrar milagros en el nativo.
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