La personalidad del Conejo, Liebre o Gato
Es un artista innato y tiene gran sentido estético. Su amor por las artes y la literatura no sólo le permite disfrutar intensamente las distintas manifestaciones culturales, sino que también le confiere un suspicaz criterio sobre la estética. Más de una vez ha intentado escribir poemas o tocar algún instrumento. Igualmente ha probado otras artes para plasmar y exteriorizar su mundo interior.
Adora la comodidad y el confort y se permite «pequeños lujos». Le encantan las fiestas, las mesas bien servidas y las buenas prendas. Siente gran debilidad por la fragancia del café, el vino y el hechizo del sexo opuesto. No tolera el desorden, la suciedad y la dejadez. Esté donde esté, siempre procura tener un «nido tranquilo y agradable». No sacrifica la comodidad por ganar más dinero o alcanzar un objetivo. Para él, un mínimo de confort es esencial para la vida. No concibe grandes lujos, ni la opulencia, más bien se inclina hacia una vida sencilla y ordenada. Disfruta igualmente con una camisa limpia que de un convite de «aletas de tiburón» y de «nidos de golondrina».
Es muy hospitalario con los amigos. Su atención es pormenorizada, afable y generosa, por lo que es objeto de frecuentes elogios. Cuando invita a alguien, siempre saca lo mejor y lo ofrece abundantemente. Siempre encuentra palabras para agradar a los amigos. Con los clientes es servicial, abnegado y atento en extremo. Si bien no impresiona a primera vista, la convivencia y los contactos asiduos le permiten ganarse la confianza y la simpatía de quienes trata, «robándoles el corazón» en muchas ocasiones. Su temperamento es vulnerable en este sentido, porque espera siempre recibir el mismo trato de las amistades y del personal de servicio. Se decepciona enormemente si no encuentra una respuesta similar, incluso se pone rencoroso cuando su elevado sentido de amor propio es herido por la frialdad e indiferencia ajena. Si le tratan con generosidad y gentileza, es capaz de corresponder con una atención diez veces más amable.
Aparentemente guarda una distancia respetuosa con la gente, incluso parece indiferente muchas veces. Pero es confidencial con los buenos amigos, a quienes abre su corazón de par en par. Le fastidian las relaciones superficiales de protocolo. La profundidad de su pensamiento le incita a llevar las conversaciones a temas sociales, culturales e incluso filosóficas. No le falta sentido del humor en las circunstancias difíciles. Es constructivo en sus criterios sobre las relaciones humanas. Odia los chismes, la frivolidad y el coqueteo. Adora la seriedad, la honestidad y la eficiencia. Trata de ser culto y educado con la gente, sin caer en la pedantería.
El carácter moderado y condescendiente de su personalidad llega a veces a proyectar equivocadamente su imagen como una persona vacilante e incongruente. Es, sin embargo, muy firme en sus propósitos. No fija metas inalcanzables. Es profundamente realista en este sentido. Pero una vez establecido el objetivo, no escatima esfuerzos para-conseguirlo. Es ordenado, metódico, trabajador e inteligente. Puede ser que le falle algún factor externo, pero no le faltará la voluntad, ni la energía, ni la inteligencia. Estas cualidades lo hacen un negociante extraordinariamente competente, que sabe exponer sus argumentos con diplomacia, siempre educado y prudente, para convencer a la otra parte. Se abstiene de atacar frontalmente al rival para evitar conflictos y violencia, porque sabe perfectamente que «más vale la astucia que la fuerza».
Es tierno con los hijos, a quienes no duda en procurarles la mejor educación. Paciente, comprensivo y liberal, quiere que los hijos sean independientes, solventes y trabajadores. Aparentemente no aplica un control riguroso, pero en el fondo parte de un criterio filosófico de la antigua estrategia militar china: «Si quiere ganar, primero tienes que ceder.» El padre Conejo asume una alta responsabilidad con los hijos, tratando de que crezcan lozanamente y se conviertan en profesionales calificados. La madre Conejo cuida más los detalles cotidianos. Sus críticas contra los defectos de los hijos son frecuentes y pesadas. Pero son blandas cuando los hijos se comportan mal.
Ama profundamente al cónyuge, a quien le procura dar lo mejor. Es un compañero ideal en los momentos buenos y también en los malos. No es efusivo en sus sentimientos amorosos. Su afecto es sutil, discreto y casi imperceptible, pero no por eso deja de ser constante en el amor. Tiene un elevado sentido de responsabilidad con la familia, de la cual tiene un concepto tradicional.
Enemigo de todos los excesos, ostenta un gran nivel de autocontrol. Se mantiene alejado del alcoholismo, la droga, el «dominó» chino, la promiscuidad, la orgía, el derroche, la ostentación materialista y la estúpida pedantería. Su mundo interior es regido por un fuerte concepto de la racionalidad, que es el pilar fundamental de su vida. Trata de ser racional en todos los aspectos. Adora la armonía y el equilibrio. Gusta de la música clásica, la pintura del siglo XK, el cine en blanco y negro y las fotografías históricas. Es coleccionista de los temas clásicos no extravagantes. Su vulnerabilidad es la gula. Pierde el control racional ante el buen vino, un plato exquisito y los deliciosos postres.




