Clasificados de hechizos
 

Martin Lutero(1483-1546)

Tanto Martín Lutero, como Ulrico Zuinglio, Juan Calvino y el resto de reformadores protestantes del siglo XVI, no pueden ser considerados ya como herejes en sentido estricto. No encajan con comodidad dentro de la idea de herejía como heterodoxia, como comente de pensamiento que discrepa y se aleja de la ortodoxia establecida. Ellos son ya otra cosa. No sólo fueron disidentes. Fueron cismáticos, reformistas rompedores que comprendieron que sus reivindicaciones no alcanzarían respuesta satisfactoria dentro de la ortodoxia católica, y por eso decidieron separarse de la obediencia romana. Fueron, simple y llanamente, representantes de una Iglesia ya muy distinta. Si los incluyo en este listado de herejes famosos, lo hago sólo porque comparten con los verdaderos herejes la condena, el anatema, la calificación oficial de hereje impuesta por el dogma ortodoxo. Pero, por supuesto, una vez oficialmente constituidos como Iglesia, también ellos llamarían herejes a todo el que no ajustara su pensamiento a la nueva ortodoxia recién impuesta. Un ejemplo clásico será Miguel Servet, quien fue considerado hereje por la Iglesia católica y por los calvinistas.
Martín Lutero fue el iniciador de la reforma protestante. Recibió una educación religiosa y llegó a ordenarse sacerdote, pero en 1512 abandonó la vida religiosa y el sacerdocio, contrayendo matrimonio más tarde, en 1525. Aún así, nunca se alejó del todo de sus convicciones. Por este motivo, con ocasión de unas indulgencias otorgadas caprichosamente por el Papa para la construcción de la Basílica de San Pedro, publicó un programa con sus famosas 95 tesis en las que rechazaba algunas doctrinas: la autoridad papal, los votos monásticos, el culto a los santos, el celibato de los sacerdotes, etc, lo que le valió la excomunión del Papa. Publicidad gratuita, que diríamos hoy día, pues Martín Lutero aprovechó la coyuntura para desafiar a la autoridad quemando en la Plaza de Wittemberg, a la vista de todos, la bula de excomunión papal, demostrando una vez más que quien monta la pira para quemar papeles acaba aprovechando el fuego para quemar personas. Desde ese día comenzó a predicar sus tesis y a organizar una nueva Iglesia, provocando la rebelión religiosa que se venía fraguando en Europa desde hacía mucho tiempo.

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