Galería de penitenciados:
Miguel Servet, el más heterodoxo de todos los herejes
Empezaremos con una afirmación que puede resultar incomprensible y asombrosa, pero que no lo es, como se verá más adelante: tan graves y atrevidas resultaron para su época las ideas de este incorregible individuo, que tuvo que ser quemado en la hoguera, a fuego lento, en dos ocasiones.
Nació en España, en la ciudad de lúdela, hacia el año 1510, aunque algunos autores retrasan la fecha hasta 1511, debido a las contradicciones en que a este respecto incurrió el propio Servet durante los diversos interrogatorios a los que fue sometido, primero en la ciudad francesa de Vienne, el 5 de abril de 1553 ante los inquisidores católicos, y posteriormente en Ginebra, los días 23 y 28 de agosto del mismo año ante las autoridades calvinistas. También ha habido dudas sobre el lugar de su nacimiento, que algunos sitúan en la aldea de Villanueva de Sixena, cerca de Zaragoza, por ser esta la tierra de sus padres y donde pasaría los primeros años de vida. Se suele decir que sus primeros estudios estuvieron dirigidos por un fraile franciscano, confesor de Carlos I, apellidado Quintana, pero es un dato incorrecto y tendencioso, ya que da para hacer interesantes especulaciones sobre una primera, intensa y profunda, además de heterodoxa y cuestionadora formación de tipo humanista, vinculada a las tesis de Erasmo de Rotterdam, de moda en la corte del emperador. Pero aunque es cierto que la primera formación de Servet fue humanística, e incluso humanísima, y que tuvo relación con Fray Juan de Quintana, a éste lo conoció, como se comprenderá con facilidad, algo más tarde. Pero sí, tuvo estrecha amistad con él, viajó por Italia y Alemania en su compañía, e incluso asistió a la coronación del emperador en Bolonia.
Pero todo esto ocurrió en 1529. Un año antes, en 1528, y esto sí es ya un dato seguro, fue enviado por su padre a la ciudad de Tolosa, en Francia, donde empezó a estudiar leyes y entró en contacto, por primera vez, con los estudios de la Biblia y con los ambientes reformistas que por aquel entonces hacían sus campañas de proselitismo.Y es en este momento cuando se crea la figura del controvertido pensador, de espíritu inclasificable por mucho que se haya tratado de encuadrar a Miguel Servet, de modo absurdo, en diversos credos antitéticos entre sí. Menéndez y Pelayo se lamenta de que en la ciudad de Tolosa "su fe católica vino a tierra", y acierta totalmente cuando afirma, con su acostumbrada seguridad, lo siguiente:
"pero como su espíritu era osado e independiente, y él no había nacido para soldado de fila, comenzó a interpretar las Escrituras por su cuenta, y ni fue ortodoxo, ni luterano, ni anabaptista, sino heresiarca sui generis, con aires de reformador y profeta".
Y con esta valoración empezamos ya a entendernos y a entender al personaje en cuestión. Efectivamente, Miguel Servet va a representar el verdadero espíritu del Renacimiento. Encarna la figura del hombre humanista por excelencia, del pensador profundo en el que prevalece la conciencia individual sobre los esquemas predeterminados por las jerarquías oficiales que detentan el poder, ya sea éste civil o eclesiástico. Miguel Servet estaba destinado a la herejía por ser el raro, el diferente, el controvertido, el que no se casa con nadie y además tiene la audacia de cuestionarlos a todos, un hombre sin ciudadanía religiosa, con la conciencia apátrida y la voluntad absolutamente libre. Miguel Servet fue una de esas rara avis que, siendo profundamente religioso, decide hacer un uso personal de su bendito libre albedrío para llegar a Dios.
Pero aún más, su manera de estar en el mundo, su actuación en la Europa partida en trozos por la causa religiosa, y su decisión última de enfrentarse al peligro de lleno en la ciudad de Ginebra, nos dan el perfil complejísimo de un carácter impetuoso hasta casi el suicidio. La seguridad intelectual de Miguel Servet, su obstinado racionalismo en materia de fe y la fortísima determinación con que se mantuvo apegado a sus ideas hasta el último momento, lo convierten en el fundador de una gloriosa estirpe de personajes humanistas, eclécticos, heterodoxos, perseguidos y condenados, en la que van a estar, entre otros, Giordano Bruno, que sufrirá también la relajación en la hoguera; y Galileo Galilei, que aceptará, ya en su vejez, una humillante reconciliación.
Y ahora ya sí; hagámonos la primera pregunta formulada por Benazzi y D'Amico:
"¿Por qué el gran humanista español es perseguido por ambas Iglesias, la católica y la protestante, por otra parte despiadadamente en lucha entre sí?"




