Herejías menores: Fornicación simple
Ya está el lío montado. Aquella misma noche la chica no puede dormir por culpa de la culpa atormentadora, y así, con la conciencia sucia y el ánimo maltrecho de tanto regadío, a las siete de la mañana se encamina directo a la iglesia para purgar su pecado. Allí la espera el confesor:
-Ave María purísima.
-Sin pecado concebida.
Y tras unos segundos de espera y contrición por fin se arranca con estas palabras reveladoras:
-Padre, confieso que he pecado.
Lo que alerta inmediatamente al sacerdote escrupuloso, quien, interesado en la cuestión, la anima para que confiese el delito, que ya imagina gravísimo, de ardua penitencia, sin duda de carne, "no hay más que verla, esos colores que me trae la delatan. Aquí ha habido fornicio seguro", se dice el cura para sus adentros. Pero todavía se hace el distraído.
-¿Qué pecado es ése, hija mía? -le pregunta.
- El peor de todos, padre, el más grave y atormentador.
-¿Acaso faltaste a tu padre o a tu madre, hija mía? -interroga con perspicacia.
- No padre, no es eso. Es mucho peor.
-¿Blasfemaste, entonces, contra Dios o contra la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana? -interroga el cura, incrédulo y sagaz.
-No es eso tampoco, padre, es un delito que me tortura y me persigue y me ensucia la conciencia.
Y ya sin dudas, ya decidido, ya resuelto a poner las cosas en su sitio, el confesor la anima a que se exprese con voz clara y audible, de forma templada y en orden, con detalle minucioso de cuanto haga al caso, que no es prudente dejar nada al olvido en la confesión, pues así lo exige la disculpa y aun el perdón.
-Cuenta, pues, hija mía. Cuenta y no te demores más -la apremia-. Dime que ha pasado y dime cómo ha sido y qué sentiste y qué te pareció. Cuenta y no te apures, que estás en la casa de Dios y a mí puedes contármelo.
Y de este modo tan piadoso, amparada en el Sacramento de la confesión, María lava su culpa y argumenta que fue Pepe quien la engatusó con delgadas palabras llenas de sutileza.
-Me embriagó con tan certeros argumentos, padre, que caí engatusada por él hasta perderme -se confiesa la chica. Y ya lanzada-: yo no quería, padre, pero él me convenció alegando que el fornicio entre solteros no constituye pecado, sino desliz disculpable, ni siquiera falta leve.
Y es así como el confesor se envalentona y muestra todo el rigor de su autoridad, abandonando su inicial recato."¡Que no es pecado, desgraciada!", le dice."¡Que no es pecado el pecado!", la bronquea ¡Que no es falta la fornicación, la lascivia y la lujuria a la que os habéis entregado sin repugnancia!". Y ya en el paroxismo de su indignación grita el párroco malhumorado: "¡Proposición herética es!". Pero se calma pronto y busca una solución para su devota feligresa, que ha sabido reconocer pronto su falta, y así le dice:
-Sólo hay una solución, hija mía: debes denunciar al joven Pepito ante nuestro tribunal de la Fe, pues ha de recibir su castigo.
Y de este modo tan sencillo ya tenemos a nuestro hereje, que será detenido e interrogado al presumírsele culpable al sabérsele sospechoso. Pero cuidado, lo que aquí juzgaba el tribunal de la Inquisición no era la "falta moral", la relación prematrimonial condenada, y ni siquiera el arrebato de lujuria del joven Pepito, sino la proposición herética derivada de la suposición de que un pecado no es tal pecado. El joven fogoso no sabe que su ignorancia lo conduce a la herejía. Ignora que la conculcación de un precepto lo convierte en hereje. Él siempre se creyó un buen cristiano. Puede incluso que no entienda por qué ahora todos dicen que es un hereje.
Pero aún tendrá suerte. Por este tipo dem delitos no envían a nadie a la hoguera. Como mucho, al joven fogoso le darán una buena tunda de palos en la espalda para que escarmiente y luego le aligerarán la cartera con una buena sanción a modo de correctivo. Era este un eficaz método de recaudación. La empresa inquisitorial se valía de este tipo de casos para aumentar sus arcas. A modo de ejemplo, entre 1575 y 1610, un tercio de los procesos incoados por el tribunal de Toledo lo fueron por casos de fornicación simple.




