Del volante a la palanca de cambios
El interior del coche es otro apartado que no debemos olvidar. Desde fuera un coche nos puede llevar a errores, pero al entrar en él tomamos contacto con quien lo conduce, sabiendo cómo se maneja en su vida.
El volante es la dirección de nuestra vida. Si es deportivo nos mostrará lo aventurero e impulsivo del conductor, mientras que un tamaño normalizado, pero sofisticado, con los mandos del aparato musical incorporados, nos dará una idea de una persona detallista, que se relaciona de forma educada y diplomática con su entorno y que quiere tener a su alcance todo cuanto sea preciso para llevar a cabo los acontecimientos cotidianos de su vida y no tener ningún tipo de sorpresas.
La persona que generalmente toma el volante con una sola mano, es alguien que realiza las acciones de su vida con una cierta reflexión, pero esperando los diferentes acontecimientos para pronunciarse de lleno sobre ellos. Por su parte, la persona que siempre coge el volante con ambas manos y toma las curvas de esta forma, demuestra más serenidad y seguridad y quiere saber muy bien qué direcciones toma en las circunstancias de la vida.
El acelerador y el freno reflejan los impulsos y miedos, hay quien para acelerar lo hace de una forma brusca y quien prefiere imprimir velocidad poco a poco. En el primer caso se trata de conductores impacientes que pre-fieren tener las cosas de inmediato antes que padecer la espera. En el segundo caso, nos referimos a conductores que en su vida cotidiana caminarán, paso a paso, para lograr las metas que se han propuesto.
Como sucede con el acelerador, también existen diversas formas de frenar pero centraremos la interpretación en: el freno siempre brusco, el suave, el intermitente o el que aprovecha el cambio de las marchas para la disminución de la velocidad. En el primer supuesto hablamos de alguien un tanto radical, que parará en seco toda actividad que no vea clara o que le de un cierto miedo. Cuando se frena suavemente estamos ante personas más diplomáticas que ante un problema, antes de abandonar, se frenarán a sí mismas, para establecer una reflexión tomando distancia. Quien frena de forma intermitente es alguien cuyas palabras, razones u objetivos, pueden cambiarse con facilidad de una manera un tanto radical. Finalmente quien aprovecha el cambio de las marchas para la disminución de la velocidad, es alguien prevenido y precavido que aprovecha las circunstancias que le da la vida para llegar a un meta propuesta o abandonarla en un momento dado.
Concluimos este apartado con la caja de cambios, que representa el control de las velocidades que imprimimos a nuestra vida. De entrada es preciso ver cómo es el cambio, es decir, si el conductor prefiere que sea automático o manual. En el primer caso, alguien que prefiere el automatismo, es una persona que ama la comodidad y le gusta que las cosas vayan viniendo poco a poco y se resuelvan, con la ayuda de otros o si es por sí solas mucho mejor. En contra, la persona que prefiere un cambio de marcha manual, refleja que desea enfrentarse a las vicisitudes y adversidades por sí mismo.
Dentro de este análisis no debemos olvidar la forma de cambiar de marchas, de esta forma quien apura las mar-chas hasta el final posee sentido de la impulsividad y la fuerza, con orgullo y capacidad de sacrificio, pero tam-bién terquedad.
Los conductores que cambian de forma regular, procuran ajustar sus comportamientos y cambios de sentidos, emociones o acciones en la vida, cuando considera que las situaciones lo exigen. Finalmente, una persona que cambie por jugar, casi continuadamente, es alguien inestable a quien le gustará probar cosas nuevas y que prefiere aventurarse en sus comportamientos, en resumen, podíamos llamarla una persona inmadura.



