Introducción al Espiritismo

Vibraciones estremecedoras
El 31 de marzo de 1848, hacia las once y media de la noche, se inició la catarsis. Los golpes, verdaderamente estremecedores, se manifestaron con una intensidad desconocida. Vibraciones violentas, casi estruendosas, se prolongaron hasta las primeras luces de la madrugada, intercalándose con sonidos de corta duración que semejaban «golpes dados con nudillos sobre algún tablero», para, seguidamente, reproducirse con un fragor semejante «a la descarga de un carro de pedruscos sobre una plataforma de madera», según manifestaron las hermanas Fox con grafismo propio del medio rural en que vivían. La intuición, característica fundamental de los médiums, impulsó a la primera médium espiritista que registra la historia. Desafiando aquellas fuerzas «tenebrosas», capaces de provocar tan aterrorizante repiqueteo, chasqueó sus deditos y con voz temblorosa, pero firme, exclamó:
— ¡Aunque seas el mismo Diablo, haz lo mismo que yo...! A partir de ese momento se rompió una frontera, hasta entonces considerada como infranqueable. De acuerdo con la interpretación espiritista, el mundo tangible y el oscuro mundo de lo inasible entraron en comunicación, por primera vez, valiéndose de un código preciso y eficaz: la niña quedó asombrada de la inesperada respuesta de quien consideraba «el Diablo», puesto que cada crujido de sus dedos se replicó con un golpe dado sobre un armario.
Algunas de las respuestas formuladas por medio del sencillo código parecían desconcertar a los atribulados testigos. Así, cuando la señora Fox preguntó a «la Fuerza» si sabía cuántos hijos había tenido a lo largo de su matrimonio, obtuvo una respuesta consistente en siete crujidos. Aquí, aparentemente, existía un error. Demasiado sabía ,«la demandante» —término espiritista— que sólo dio a luz a seis vastagos; pero su marido acabó recordando un aborto sufrido meses después de la boda.
Así pues, aquella entidad que se manifestaba por medio de golpes parecía dotada de un sistema valorativo diferente al de quienes formulaban las preguntas. ¿Tendría también una personalidad definida y concreta, como les ocurre a los seres humanos todavía «encarnados»?
La respuesta a tan escabrosa cuestión se obtuvo —o creyó obtenerse— tras la iniciativa de un amigo de la familia Fox. El señor Duesler, en efecto, sugirió la posibilidad de que se tratase de alguna persona fallecida que, de algún modo, hubiera estado relacionada con aquella casa. Las preguntas, ahora dirigidas siguiendo un nuevo método que utilizaba las letras del alfabeto en sincronía con los «raps», surtieron efecto. De modo que finalmente se asentó entre los Fox la creencia de que el «espíritu» podía identificarse como correspondiente a un tal Charles B. Rosma.
A lo largo de la historia ha habido numerosos intentos de comunicarse con «los muertos». Pueden rastrearse antecedentes del espiritismo incluso en escritos clásicos de griegos y romanos. Pero semejante precisión —un nombre completo, con todas sus letras— no se había logrado nunca. Se tratase o no en realidad del espíritu de ese personaje, lo cierto es que la entidad respondía con asombrosa puntualidad.
Una precisión más, antes de seguir adelante: en los anales de la parapsicología y del ocultismo se registran multitud de sucesos semejantes, de acuerdo con un esquema clásico, según <el cual el asesinado «produce» fenómenos de carácter espantoso en el lugar del crimen; fenómenos que no desaparecen sino cuando el cadáver es exhumado y vuelto a enterrar en un lugar conveniente. Lo curioso de este caso, como hemos apuntado, es la asombrosa exactitud con que el «espíritu» se manifiesta.

espiritismo

Casa de las hermanas Fox. Las hermanas Fox establecieron en su casa de Hydesville el primer contacto codificado con un «espíritu», quien respondía a sus preguntas por medio de una serie de golpes.