Magia y terror de las psicofonías

Uno de los parapsicólogos que acuden a estudiar el sorprendente fenómeno pasa ante el pequeño papagayo la llama de una cerilla y éste no reacciona. Sus ojos permanecen fijos como los de una médium en estado de trance.
Cuatro historias desconcertantes, en suma, que nos sugieren la existencia de energías incontrolables, ligadas a oscuras zonas del psiquismo humano y capaces de manifestarse en forma sonora. Un aparato capaz de recoger y reproducir esos sonidos no hace sino corroborar la realidad del fenómeno, aunque nada pueda aclararnos sobre la misteriosa causa que los produce. Veamos, a continuación, un ejemplo típico de psicofonía:
Uno de nuestros amigos más entusiasta de los estudios parapsicológicos, residente en Barcelona, acude al casco urbano del Pueblo Español. Eran aproximadamente las ocho de la tarde. Como se sabe, los edificios que estructuran aquella zona son reproducciones fieles de otros tantos monumentos esparcidos por la geografía hispana y que constituyeron la atracción principal de la Gran Exposición Universal de 1929. Unos cuantos establecimientos de artesanía constituyen toda la vida del recoleto núcleo monumental. Para entonces el silencio impregna sus empedradas calles, cuando los turistas dejaron de curiosear por los bazares de cerámica y adamasquinados.
La tarde es fría y lluviosa. A esas horas en noviembre ha oscurecido, y se dispone a colocar en el suelo su grabador de sonido portátil. Ha solicitado autorización para hacer el experimento y, con las manos metidas en los bolsillos de su chaquetón de cuero, Jaime espera impaciente que la cinta concluya por devanarse en su carrete. El micrófono descansa sobre una almohadilla. En aquel largo cuarto de hora, ni un solo paso turba la calzada. Ni siquiera la fina llovizna se hará audible a través del bien protegido transductor sonoro.
Cuando regresa a su domicilio, rebobina de nuevo las cuatro cintas grabadas ese día en distintos puntos de Barcelona y se dispone a reproducirlas en su pequeño despacho. Ruidos insignificantes en la primera, registrada en Montjuich. Coloca ahora el carrete del Pueblo Español; unos minutos de monótono soplido y, de repente, una voz estridente y conmovedora; es una voz de niño lejana y aguda, pero perfectamente inteligible:
—¡Quiero vivir..., quiero vivir...!
La fuente ilocalizable
¿Qué origen tienen esos extraños gritos, esas exclamaciones vehementes a veces acompañadas de pasajes melódicos, de trinos modulados por aves exóticas, de aullidos emitidos por canes invisibles? ¿Qué explicación poseen esas frases entrecortadas de críptico significado? Son fonemas modulados casi siempre en un tono de resonancias metálicas y reverberantes, lo que supone una gran riqueza de armónicos con frecuencia acústica alta (agudos) y una reimpresión del perfil sonoro como si la emisión procedente de una fuente ilocalizable se reflejase múltiples veces en un recinto con paredes de acero.
La historia de esos misteriosos registros se remonta a 1959. En el verano de ese año, un ornitólogo de origen ruso residente en Suecia había dispuesto su micrófono direccional conectado a un buen equipo de grabación magnética, en un bloque. Cuando más tarde seleccionaba algunas de las bandas grabadas quedó sorprendido al constatar que entre los gorjeos de algunos
pájaros desconocidos en aquella región se escuchaba nítidamente una voz humana que aludía al canto de aquellas aves.
En otra ocasión, un registro semejante acusa la voz de su madre, que había muerto algún tiempo atrás, exhortándole.
— ¡Friedel, mi pequeño Friedel! ¿Puedes escucharme...?
Impresionado por aquel fenómeno, repitió febrilmente las experiencias de registro. En casi todas las cintas impresionadas aparecían fonemas y frases enteras más o menos ininteligibles al principio, pero que eran susceptibles de resolverse con más claridad tras una audición paciente y laboriosa de frecuencia reiterativa. Friedrich Júrgenson, como se llamaba este hombre, publica en 1964 una obra explicando los resultados de sus trabajos con el título de «Rósterna fran Rymden» (Voces del Cosmos).
El fenómeno de las psicofonías está en la actualidad muy lejos de haber sido explicado satisfactoriamente. En ocasiones, la hipótesis espiritista parece excesiva, pero no en menos ocasiones resulta insuficiente la hipótesis del inconsciente. Y todavía no se han hecho, además, pruebas sistemáticas que contemplen un gran número de casos comprobados. En este terreno, como en tantos otros de la investigación parapsicológica, queda todo por hacer. Pero la brecha ya ha sido abierta y, lo que resulta sumamente atractivo, cualquiera que se lo proponga puede experimentar cuanto quiera.

espiritismo

La voz de Hitler
Uno de los primeros investigadores del fenómeno psicofónico, el doctor Jürgenson, no tenía empacho en afirmar taxativamente que las voces registradas en su magnetofón pertenecían a «seres de ultratumba». Tras sucesivas experiencias Jürgenson adquirió, en efecto, el convencimiento de que se trataba de voces de personas difuntas. Convencimiento basado, naturalmente, en el contenido de las voces, puesto que antiguos conocidos suyos, muertos años atrás, parecían dejarse oír. Entre ellos, un tal Kersten, conocido masajista de Hitler, cuya afición en vida por los temas esotéricos era sobradamente conocida.