El camino del médium
¿Por qué ocurre esto? Sencillamente, porque las facultades mediúmincas, si bien en algunas ocasiones pueden desarrollarse a voluntad, se manifiestan de manera imprevisible y muy poco sujeta a la voluntad personal del médium, quien, en este sentido, siempre es y siempre será un «aprendiz de brujo». De ahí los peligros del cultivo obsesivo de la mediumnidad.
Hablábamos antes de euforia, y la mediumnidad ciertamente produce efectos similares a los de la ingestión de una droga estimulante cualquiera. Nos referimos a los efectos subjetivos sobre el propio médium. Los grandes médiums, los que han sido capaces de realizar cosas extraordinarias, también han sido los que más han sufrido en su carne y en su mente el efecto devastador de una excesiva «adicción» a los «espíritus». Las hermanas Fox, las médiums más antiguas, las fundadoras del espiritismo moderno, acabaron desequilibradas psíquicamente. Lo mismo le ocurrió, al final de sus días, al célebre «irlandés volador», Douglas Home, tras una serie de desgracias personales. Otro médium famoso, Ch. Foster, murió encerrado en un asilo para alienados. Los médiums ingleses Slade y Ellington adquirieron el «mal sagrado» y acabaron sucumbiendo entre frecuentes crisis epilépticas... De tanto abandonarse a fuerzas oscuras (tanto si proceden del inconsciente o son ajenas al sujeto), los cimientos de la personalidad van poco a poco minándose hasta que el edificio se derrumba, unas veces lenta y otras estrepitosamente.
Reglas de oro
Decíamos antes que todos podemos ser, si nos lo proponemos, médiums de primera fila. Y añadíamos que semejante posibilidad no es aconsejable en la mayoría de los casos. No se vean entonces las recomendaciones que vienen a continuación como una especie de tabla gimnástica para desarrollar las facultades mediúmnicas, como se desarrollan los bíceps. Quien las lea con semejante propósito, no lo conseguirá. No se trata de «desarrollar indiscriminadamente», sino de tonificar esas facultades que todos poseemos lo bastante, al menos, para que se logren experiencias satisfactorias en estos inocentes juegos de «espiritismo en zapatillas» que son la «oui-ja» y las psicofonías. Y para que uno no se encuentre con desagradables sorpresas en el ya no tan inocente juego de la escritura automática. Lean, pues, los siguientes párrafos con atención:
• Altas aspiraciones, sentimientos elevados, método y paciencia. He aquí los cuatro pilares en que algunos ocultistas basan un desarrollo mediúmnico sano. Lo de «paciencia y método» son recomendaciones dirigidas especialmente a estudiantes superiores, a quienes se tomen en serio la mediumnidad y quieran desarrollarla por el buen camino. Para nuestro propósito nos bastará con tener presentes las dos premisas anteriores: altas aspiraciones y sentimientos elevados. No se le ocurra «jugar» al espiritismo si es incapaz de una cosa o de la otra.
• Las «invocaciones» deben hacerse con un mínimo de seriedad, independientemente de cuáles sean las ideas de cada uno con respecto a los pretendidos «espíritus», y con una indispensable dosis de fe. Entiéndase bien: fe no en la existencia de los «espíritus», sino en que el experimento va a resultar.
• Generalmente, el fracaso de las primeras sesiones se debe a la poca fe de los asistentes o al hecho de que reine en el ambiente un completo desequilibrio psíquico. Es preciso insistir y no desanimarse.

Sir William Crookes, eminente físico que analizó los rayos catódicos, estudió también al médium Daniel Douglas Home y pudo avalar con su prestigio la realidad de los hechos.




