La tropa integrada por el prisionero, un sargento y tres soldados se detuvo en un cruce de caminos.
El Gauchito Gil le dijo al sargento: “No me mates porque la orden de perdón viene en camino”, a lo que el soldado replicó “De ésta no te salvás”.
Antonio Gil, sabiendo que finalmente lo iban a degollar, profetizó que, cuando su verdugo regresara a Mercedes, le iban a informar que su hijo se estaba muriendo y, como él iba a derramar sangre inocente, le dijo que lo invocara para que intercediera ante Dios por la vida de su hijo, ya que es sabido que la sangre de inocentes sirve para hacer milagros.
El sargento se burló y lo ejecutó. A su regreso, comprobó que lo dicho por Gil era cierto.
Desesperado, le prometió cristiana sepultura y poco después su hijo sanó milagrosamente.
Ése fue el primer milagro del Gauchito Gil. El sargento construyó con sus propias manos una cruz con ramas de ñandubay, la cargó sobre sus hombros y la llevó al lugar donde había matado al gauchito.
Colocó la cruz, pidió perdón y agradeció.
La cruz dio el nombre al cruce de caminos y, con el transcurso del tiempo, se convirtió en un lugar de peregrinación.
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