Se cuentan dos historias extraordinarias respecto a este personaje:
La primera relata que, con los años, era tanta la cantidad de promesantes que iban a visitar al santo y le encendían velas, que el dueño del la estancia sintió temor que le incendiaran el campo e hizo llevar el cuerpo del Gauchito Gil al cementerio local.
Desde ese momento, comenzó a tener problemas económicos, murió uno de sus hijos, enfermó su hacienda y él mismo cayó en cama. Cuando cedió parte de su campo para el oratorio, las desgracias cesaron.
El Gauchito siguió enterrado en el cementerio local, pero el lugar de su muerte se convirtió en centro de culto.
La segunda cuenta que los operarios que debían construir una ruta sobre el santuario dijeron que “no era bueno pasar por arriba de tierra sagrada para los correntinos”, pero los empresarios ignoraron esa advertencia. Muchos peones se negaron a cumplir la orden y renunciaron.
Cuando estaban cerca de la zona, parecía que las máquinas se negaban a avanzar. Ante tantas dificultades, decidieron finalmente que el camino hiciera una curva para respetar el lugar sagrado del oratorio popular al Gauchito.
Volver a el Gauchito Gil


