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sueños

 


Los talismanes son objetos (piedras preciosas, anillos, plantas secas) llevados generalmente en la mano o en torno al cuello. Su uso es antiquísimo, y de ellos proceden los anillos de nuestros días.


Talismán para la fortuna en el juego


El primer jueves de luna nueva, en la hora de Júpiter (para las horas planetarias, ver Apéndice 1), antes del alba, escribid en un folio de pergamino las siguientes palabras: «Non licet ponare in egoborna quia pretium sanguinis.» Envolved el pergamino en una cabeza cercenada de víbora y atadlo todo con una cinta de seda roja. Colgaos el talismán del brazo izquierdo antes de jugar, y estad seguros de que la fortuna os asistirá.


Talismán que destruye los encantamientos


Preparad este anillo-talismán bajo los auspicios de Mercurio. Con plomo bien puro y refinado, en la hora y en el día de
Saturno, se hará un anillo, engarzando en el mismo el ojo de una comadreja hembra que haya parido una sola vez.
En el borde grabad la frase: «Apparuit Domini Simoni.» Perfumad por tres veces el anillo, y después de haberlo envuelto en un paño mortuorio sepultadlo en un cementerio, dejándolo allí durante nueve días. Desenterradlo y perfumadlo de nuevo. El anillo os protegerá de todo encantamiento.


Talismanes planetarios


Muy potentes son los talismanes planetarios, destinados a atraer el influjo benéfico de los planetas. Deben ser hechos con los siguientes materiales:


Sol: Diamante o topacio montados en oro.


Luna: Perla, cristal de roca o cuarzo montados en plata.


Mercurio: Ópalo o ágata montados en mercurio fijado (el mercurio se «fija» sobre los otros metales, por ejemplo sobre el oro, con el cual forma en frío una aleación que puede ser disuelta solamente con ácidos).


Venus: Esmeralda o turquesa montadas en cobre.


Marte: Rubí o cualquier piedra roja montados en hierro.


Júpiter: Zafiro o amatista montados en estaño.


Saturno: Ónice o zafiro montados en plomo.


Estos anillos, una vez preparados (o adquiridos), se deben llevar puestos constantemente, porque la interrupción, incluso de pocas horas, perjudica el efecto positivo de la piedra y del metal.