VUDÚ
Por razones extrañas, la palabra vudú ejerce siempre un tipo de temor entre las personas, incluso sobre aquellos más escépticos en los temas esotéricos. Unida frecuentemente a la creencia en muertos vivientes y zombis, este culto, muy difundido entre los negros de las Antillas y sur de los Estados Unidos, es en realidad una mezcla de religiones animistas de África, de politeísmo de pueblos guiñéanos y de cristianismo.
Los animistas consideran el alma como el principio de acción de los fenómenos vitales en la salud y la enfermedad, con independencia de la materia orgánica y de sus fuerzas físicas y químicas. Asumen la creencia en la actividad voluntaria de los seres orgánicos e inorgánicos y de los fenómenos de la naturaleza, acompañada de la adoración a dichos seres y fenómenos, creyendo igualmente en la existencia de espíritus que animan todas las cosas. Sus imágenes son frecuentemente fetichistas y emplean métodos de magia tradicionales en sus ceremonias.
El politeísmo admite la pluralidad de dioses, algo que habitualmente consideran la mayoría de las religiones, como la griega o la hindú, pues aunque muchas son monoteístas en cuanto a la creencia en un Ser Supremo, su presencia se manifiesta de formas diversas, como ocurre es el caso de Brahma, Vishnú y Shiva, trilogía muy parecida a la Santísima Trinidad cristiana.
Pero esta religión vudú se diferencia sensiblemente de cualquier otra y sus seguidores son considerados asesinos potenciales; sus prácticas son imaginadas por los ignorantes como envueltas en sangre. En ellas vemos a mujeres desnudas, sangre de animales degollados (mayormente gallos), ceremonias invocando al demonio y mil sortilegios más en espera de que un muerto salga de su tumba convertido en zombi.
Por lo que podemos saber, la cultura vudú no es más macabra que cualquier otra religión que nos hable de mil desgracias si nos apartamos del buen camino. Pero como este sendero correcto es muy diferente según cada religión, no es muy difícil diferenciar las buenas de las malas creencias. El vudú no habla de dioses, ni suele tener divinidades que ejerzan el poder sobre los hombres, aunque reconocen que hay un creador del universo que ahora vive retirado y que solamente ejerce de intermediario. Esencialmente, analizan mucho la materia humana y sus teorías se basan en principios físicos y metapsíquicos. Saben que una palabra expresada en un momento concreto, por una persona adecuada y en un tono definido, puede causar un daño irreversible o sosegar al más excitado. Para lograr esto no necesitan la ayuda de ningún ser supremo y les basta con ellos mismos o esbozando una amenaza discreta.
Piense por un momento en un posible enemigo suyo que le advierte que mañana irá a su casa para pegarle una paliza o de otro que simplemente le mira con los ojos fijos y le dice: "Vendré a por ti." En ambos casos la amenaza es clara, pero contra el primer enemigo podrá elaborar una eficaz defensa (personal o policial), mientras que para el segundo no tiene recursos eficaces. No sabe cuándo vendrá, ni por dónde, y ni siquiera qué pretende hacerle, pero desde el momento mismo de la amenaza usted no dormirá tranquilo ni será capaz de pasear por las calles sin vigilar los alrededores. Y cuando ese enemigo haga por fin acto de presencia usted estará tan atemorizado por la tensión acumulada que será incapaz de ninguna respuesta eficaz. Esto es la esencia de las maldiciones del vudú.
Curiosamente la palabra vudú proviene de "voundoun", que significa dios en la lengua de Benin, aunque también pudiera ser una deformación del término "vodun" que se refiere a todo lo fantasmal. El vudú insiste en la existencia de un mundo invisible a nuestro alrededor, tal como la película "Resonator" describió perfectamente, aunque explican que allí viven también seres como nosotros, en un universo paralelo, pero compuestos de materia espiritual. En esencia nos hablan del mundo de los difuntos que pulula a nuestro alrededor sin que ellos ni nosotros podamos mezclamos, aunque en determinadas circunstancias los espíritus pueden cruzar esa barrera para ejercer su influencia.
Aunque creemos que las ceremonias vudú se efectúan siempre para hacer daño a alguien, la mayoría de las veces lo hacen para ponerse en contacto con las loas, los habitantes de ese mundo paralelo, pues les necesitan para que nos ayuden en nuestros problemas y para que actúen como intermediarios con el Creador. Una vez establecido el contacto durante una ceremonia, las loas emplearán diversos procedimientos para comunicarse con los humanos, especialmente durante el sueño, aunque en ocasiones también se aparecen durante las ceremonias. El problema es que también se les convoca para fines maléficos, como matar a alguien o provocarle desgracias.
Existen algunos grupos marginales, precisamente los más populares, que siguen fines perversos empleando métodos de brujería y que reciben el nombre de rituales petro. Eso lleva a establecer que hay un vudú que emplea la mano izquierda o la hechicería, y un vudú de mano derecha o verdadero vudú. Ambos tienen un jefe varón llamado Hougan (sanador de cueipo y alma), o una mujer de nombre Mambo, y cuya misión es mantener equilibradas las energías corporales y de la mente cuando el cuerpo está enfermo. Para lograrlo emplean hierbas medicinales y otros ingredientes siempre naturales, la mayoría de ellas apenas divulgadas popularmente, lo mismo que los rituales que se unen a la ingestión de las sustancias naturales. Estos sanadores intentan igualmente realizar exorcismos y ponerse en contacto con entes sobrenaturales e incluso se comunican con las almas de los difuntos, aunque como ya hemos dicho nunca emplearán sus habilidades con fines reprobables.
El Hougan, por tanto, vela por la salud de toda la comunidad e instruye en su técnica a los nuevos alumnos, mayormente en un lugar denominado como Houmfort, ejerciendo igualmente como consejero espiritual, protector en casos de desempleo o hambre, recibiendo para estos fines ayuda económica de la comunidad. Por supuesto no están ociosos cuando no practican sus creencias, pues frecuentemente trabajan como ganaderos o labriegos, ya que su misión terrenal no le permite vivir sin trabajar.
Cuando alcanza la categoría de jefe de la comunidad, puede poseer un asson, el bastón mágico que tiene poderes sobre los seres invisibles. Esencialmente es una calabaza pequeña llena de trozos de serpiente y de la cual se cuelga una campana que se hace sonar para llamar a los loas.


Zombis
El zombi es un no muerto, con aspecto humano pero cuyo cerebro solamente sigue las órdenes de su amo. Sedientos de comer carne humana viva, caminan lentamente por las ciudades en busca de un vivo con el que calmar su hambre insaciable. Inmunes a los golpes y a las balas, solamente se les puede matar quemándoles o cortándoles la cabeza. Nos puede parecer macabro, pero alguien nos tiene que explicar la extraña semejanza que existe con la frase evangélica cristiana de "Tomad y comed, ésta es mi carne; tomad y bebed, ésta es mi sangre", atribuida inicialmente a Jesús durante la última cena.
Ahora para la gente la palabra zombi se emplea más acertadamente, pues se dice de quien anda como dormido, aunque en Haití se sigue empleando para aquellos que se creen ser muertos vivientes y para los niños que mueren antes de ser bautizados. No obstante, el miedo a que los muertos salgan de sus tumbas vistiendo sus harapos y mortajas sigue presente y hay pocas personas que se atrevan a entrar solas de noche y con Luna llena en un cementerio. Solamente el alcohol y la compañía de otras personas puede infundir el valor necesario para hacerlo.
Especialmente peligroso es hacerlo durante el día de los difuntos o en Halloween, pues dicen que quien se encuentre con un zombi y le mire a los ojos se convertirá inmediatamente en otro muerto viviente. Aunque las películas muestran que un zombi se muere mediante el contundente corte de su cabeza, parece ser que la sal en sus ojos es más eficaz.
Lo cierto es que la medicina posee numerosos ejemplos de personas muertas que han recobrado la vida inesperadamente e incluso cuando estaban ya en su ataúd, lo que demuestra que el concepto zombi no es producto de la fantasía. Numerosas drogas producen un efecto de catalepsia y en la India es frecuente que se emplee para someter a los disidentes o para enterrar con vida a los parientes de un difunto poderoso. También hay quien asegura que ése fue el método empleado para traer a la mayoría de los esclavos africanos a Europa y América, especialmente a los más fuertes y rebeldes.
La técnica herbaria que se emplea para convertir a un vivo en un zombi es la siguiente: se mezclan varias plantas aluci-nógenas (opio, estramonio, digital, etc.) en dosis suficientes como para inducir a un estado letárgico al infeliz, además de un pez que solamente vive en aguas de Hawai y una flor de datura pulverizada, adquiriendo en ese momento el nombre de polvo de concobre. Esa poción es suficiente para dejar a la persona dormida profundamente durante varias horas, y cuando se despierte se encontrará con un estado mental de profunda confusión y docilidad. Con el paso de los días la víctima perderá el pelo, el apetito, se quedará pálida como un muerto y su metabolismo será tan bajo que su piel estará fría.

Pronto dejará de respirar y será considerado como muerto y, por tanto, será enterrado. Si todo está debidamente planeado, el ataúd será lo suficientemente grande como para que pueda respirar cuando sus pulmones comiencen a moverse, lo que sucede después de cuatro o cinco días. Cuando se despierte, y si hay alguien que se encargue de abrir el ataúd, se levantará con un aspecto similar a cuando había muerto, aunque con la mortaja aún en su cara.
Esto es lo que se dice, pero ahora sabemos que las personas que fueron enterradas bajo los efectos del concobre oían lo que sucedía a su alrededor, pero no podían moverse ni articular palabra. Ellos recuerdan los lloros de los familiares, los martillazos cerrando el ataúd y hasta la tierra cuando se les enterraba en el cementerio. Lógicamente, esa experiencia tan aterradora les desequilibraba y cuando les sacaban su aspecto era horripilante y sobrecogedor. Pero un nuevo problema aparecía días después, cuando esa persona conseguía recobrar sus facultades, pues sus deseos de venganza eran tan intensos que no se paraba ante nada ni nadie. Si a su lado estaba alguien muy sagaz, le decía quién era el culpable de su estado, siempre un inocente, y así lograba que el zombi quitara de en medio a un enemigo.

 

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