Hechizos, conjuros y brujerías a traves de la historia

Roma

En los albores de la civilización romana, para realizar maleficios se utilizaban láminas de plomo llamadas defixionum tabéllete sobre las que se grababa el nombre de la víctima, la fórmula mágica, el nombre de la divinidad a la que se pedía ayuda y el objetivo a alcanzar.

La Ley Cornelia castigaba a aquellos que se dedicaban a la magia; y baste recordar a este propósito el proceso de Apuleyo.

De magia hablan difusamente Virgilio y Horacio. Este último sin más hace una detallada descripción de Canidia, una bruja que iba camino de ser grande, la cual se servía para sus maleficios de dos figuritas; una de cera y la otra de lana.

El punto álgido de la brujería es alcanzado bajo Tiberio, mientras Tácito en los Anales refiere procedimientos mágicos usados contra Germánico.
Locusta, célebre maga y envenenadora, reinó largamente sobre la escena romana, hasta que fue condenada a muerte bajo el reinado de Galba.

Arabia

Mahoma en el Corán pone en guardia a sus fieles contra los ataques mágicos y recomienda sepultar con cuidado uñas y cabellos.
A la luz de nuestros actuales conocimientos se comprende fácilmente el motivo.

Medievo

Hasta los primeros concilios la Iglesia había condenado los procedimientos mágicos, aplicando directamente la excomunión de por vida para quien practicaba maleficios.

El período de oro de la magia, y en particular de la negra, fue en el 1200. Las misas negras y la profanación de las hostias se habían convertido en actos cotidianos. En 1317 el Papa Juan XXII reveló una operación mágica en gran estilo dirigida contra él:

«Nuestros enemigos han preparado bebidas para envenenarnos, a nos y a algún cardenal; no habiendo habido ocasión de hacerlos prender, han fabricado imágenes de cera para atentar contra nuestra vida, atravesando estas imágenes con fórmulas mágicas y evocaciones de demonios; pero Dios nos ha protegido y ha dejado caer en nuestras manos tres de estas imágenes.»