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Fases del proceso por brujería

Acusaciones anónimas, interregotorios prefabricados, presiones y torturas, todo era válido para conducir a la hoguera a las acusadas de brujería.

Acusación y detención

Arresto de una bruja
Un proceso podía iniciarse de tres maneras: tras una acusación de parte (en la que el acusador debía probar lo que decía), tras una delación o denuncia (efectuada a partir de simples sospechas suscitadas por el comportamiento del acusado o acusada), o como resultado de una pesquisa o inquisición. En este último caso, el tribunal actuaba ex officio, es decir, por propia iniciativa. A veces se combinaban los dos últimos métodos, de modo que muchas acusadas fueron detenidas y presas sin necesidad de pruebas de sus supuestos delitos y, en ocasiones, sin que ellas mismas supieran el motivo por el que habían sido denunciadas.

                     Arresto de una bruja

 
 
 

Declaración o interrogatorio

Examen de una bruja

Al reo se le concedía el derecho a una «audiencia» o declaración, en la que los jueces escuchaban su versión frente a la acusación del fiscal. Se suponía que los jueces estaban obligados a conceder dichas audiencias siempre que el acusado lo solicitara. Pero en los interrogatorios a las acusadas de brujería el fin era obligarlas a confesar que habían renegado de Dios, habían asistido al aquelarre y habían copulado con el Demonio, además de ser causantes de múltiples desgracias acaecidas en su comunidad, como muertes, enfermedades, pérdidas de la cosecha por tormentas que ellas mismas habrían provocado, etc.

                   Examen de una bruja

 
 
 

El recurso a la tortura

Prisioneros torturados en una cárcel de la Inquisición
La tortura, en teoría, debía utilizarse sólo cuando existían pruebas de que un reo había cometido un crimen y se negaba a confesarlo. En la práctica, sin embargo, se aplicó a menudo sin restricciones, lo que resultó decisivo para condenara muchas brujas que, de este modo, confesaron lo que los jueces querían oír acerca de los crímenes que se suponía habían cometido. Entre otros métodos de tortura, destaca la garrucha, que consistía en colgar al reo por las muñecas de una polea con pesas sujetas a los pies. La víctima se alzaba lentamente, y luego se la soltaba de un tirón para dislocar sus miembros.

Prisioneros torturados en una cárcel de la Inquisición

 
 
 

La ejecución en la hoguera

Quema de una bruja. Un fraile trata de arrancarle un último arrepentimiento
El castigo máximo para las brujas era la muerte en la hoguera. Esta se convertía casi siempre en un espectáculo supuestamente edificante, pues las llamas acababan no sólo con la vida de las reas sino también con sus pecados, purificados de este modo. Las condenadas que se «arrepentían» en el último momento eran estranguladas. También se dieron casos en que, antes de quemarlas, a algunas brujas impenitentes se les cortaron sus miembros o se les machacó el cuerpo en el potro (una banqueta con cuerdas que envolvían todo el cuerpo del reo, y que el verdugo tensaba para traspasar la carne de la víctima).

                           Quema de una bruja.
Un fraile trata de arrancarle un último arrepentimiento.