Amuletos

Desde siempre el hombre ha utilizado medios de defensa contra los maleficios. En aplicación de los principios mágicos algunos objetos están dotados de la característica de alejar cualquier hechizo o mal de ojo. En términos técnicos tales objetos son llamados amuletos, palabra que probablemente deriva del latín «amorili» que significa alejar, mantener lejos (el mal).
Los amuletos se diferencian de los talismanes porque, mientras estos últimos requieren la acción del mago y son personales, los amuletos no requieren ninguna intervención mágica y pueden ser usados por cualquiera; ya que están dotados por su naturaleza intrínseca de poderes profilácticos.
Sería largo catalogar todos los objetos que usualmente gozan de tales propiedades y por lo tanto considero oportuno seguir una lista alfabética de los amuletos de uso más común.
Ajo: Cura las enfermedades causadas por hechizo y su olor aleja a las brujas.
Clavo: Siendo éste un material usado para realizar los hechizos, aplicando el principio «similia similibus», lo mismo opera como contrahechizo; preferiblemente deberá ser un clavo usado y torcido.
Coral: Debe ser llevado al cuello, presumiblemente su poder deriva del hecho de ser de color rojo.
Corazón: Órgano que dirige la vida y es la parte más sensible del hombre tanto para el bien como para el mal.
Cuerno: Debe ser preferiblemente de cabrón o de novillo. En el comercio se encuentran de coral rojo (se unen en tal caso los dos poderes amuléticos) o de plástico. Deberá ser regalado, pues de lo contrario pierde su poder. El cuerno tiene un doble significado amulético: es efectivamente un objeto terminado en punta y representa también un símbolo fálico.
Cuernos: El hacer el símbolo de los cuernos aleja a las brujas y los hechizos, es el sustituto usual de los clavos. La mano, al ser uno de los apéndices del cuerpo, cuando hace los cuernos hace salir del hombre los eventuales fluidos malignos que le poseen, operando como barrera contra el proceder mágico.
Diamante: Favorece las uniones matrimoniales. Si se lleva en el dedo mantiene el afecto inalterado. Para guardarse de los hechizos de odio debe ser llevado al cuello unido a tres cabellos del ser amado durante nueve días y nueve noches consecutivos.
Dientes: Tienen semejanza con el clavo.
Escapulario: Con este nombre se denominan saquitos de forma diversa, a menudo en forma de corazón, confeccionados en tela de distintos colores, preferiblemente roja, conteniendo objetos de carácter religioso (pequeñas imágenes, reliquias, etc.), o materiales comunes como sal, laurel, y otros, dotados de poder amulético. Comúnmente se llevan colgados del cuello mediante un cordoncillo para de este modo ponerlos en contacto directo con la piel desnuda.
Esparraguina: Al ser una planta punzante, la creencia popular la usa en sustitución de los clavos (véase la voz Clavo).
Falo masculino: índice de fecundidad. Opone a los hechizos el principio de la vida.
Herradura: Remedio príncipe contra el mal de ojo y la mala suerte. La costumbre quiere que para hacer el conjuro se toque la herradura.
Horcón de heno: Entra en los objetos punzantes. Además es un medio para dar de comer a los animales, y de ello se deriva el concepto de bienestar.
Fórmulas mágicas: Esta práctica de efectuar los conjuros valiéndose de determinadas fórmulas entra en el concepto mágico de la palabra. Las hay de muchísimas clases en las que frecuentemente entra también el aspecto religioso. Por ejemplo:
«En nombre de Jesús, José y María, que se aleje el mal del alma mía.»
De uso más lapidario y común:
«Revienta envidia, estalla mal de ojo.»