Adquirid algunos pensamientos y hacedlos secar en un saquito de seda roja que llevaréis con vosotros día y noche.
Al término del noveno día prended fuego al saquito y dejadlo arder hasta que haya quedado reducido a cenizas.
Usad estas cenizas como un champú normal, pero sin enjuagar los cabellos. Estaréis a cubierto de la envidia.
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