Cómo elegir un vidente

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• Consulte sólo si necesita resolver un problema puntual.
• No realice consultas con demasiada frecuencia, porque puede crear un lazo de dependencia dañino, por medio del cual, usted evada sus responsabilidades en la vida.
• Pregunte los honorarios del profesional de antemano. Un precio elevado no convierte al especialista en un buen psíquico.
• No confíe en quienes alaban su persona, ni en quienes le preguntan demasiado sobre su vida antes de comenzar a realizar el trabajo.
• Cuidado con los psíquicos que le prometen la solución inmediata a su problema.
• Esté atento si le dice de entrada que le han hecho un daño difícil de deshacer; es un recurso trillado de charlatanes.

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Enfermedad mental y posesión por los demonios

La existencia del desdoblamiento está bien probada. Los psiquiatras lo llaman «doble personalidad» (o esquizofrenia), y tal vez es más común en la actualidad que hace una generación. Lo que es menos conocido es que el desdoblamiento puede iniciarse con una actividad como jugar con una planchette o tabla Ouija. Dejar la mente en blanco para recibir impulsos que guíen la mano es una franca invitación a cualquier inteligencia incorpórea que desee «asumir el mando». Algunas formas de «meditación trascendental» requieren un similar desdoblamiento de la mente. Lo que ocurre como resultado del desdoblamiento puede verse por medio de la telepatía. Para mucha gente es un hecho probable que otros puedan meter ideas en nuestra cabeza con ayuda de la telepatía. Hay personas menos sugestionables, pero en general se admite que los gemelos idénticos son un caso especialmente favorable para la telepatía. Pues bien, si la telepatía puede efectuar una invasión de la mente ajena, no parece tan improbable que una inteligencia exterior, no humana, pueda hacer lo mismo. La tragedia suprema en la película de Blatty es que el sacerdote joven (que ayuda en el exorcismo) se enfurezca ante la muerte repentina de su colega e invite al demonio: «Tómame. No ataques a una niña indefensa o a un viejo». Las reglas dicen que no se debe hablar nunca con el demonio, sino darle órdenes en nombre de Cristo. Tampoco la muchacha de la película carece de culpa, porque en sus horas de tedio, cuando su madre había salido, jugaba con una planchette y recibía mensajes que se esforzaba por provocar. Tal fue el origen de su desgracia, como lo ha sido para muchos otros.
Un caso curioso del que ha informado recientemente un psiquiatra que conozco, es el de un muchacho cuya amiga le animó a tomar LSD. Bajo la influencia de la droga desarrolló una doble personalidad, y tuvo que ser llevado al hospital como un caso de esquizofrenia aguda. Tenía la impresión de que se había apoderado de su mente un músico de jazz a quien aseguraba oír y ver de vez en cuando en la sala del hospital. Finalmente recobró la normalidad por medio del exorcismo. La pérdida del control de la propia mente y voluntad puede ser el pecado dominante de la era futura. Gran número de jóvenes quieren sumergirse en un grupo, como si ya no tuviesen motivo para ser ellos mismos
Un hombre que practica el arte de buscar agua subterránea intenta ser receptivo a los impulsos que le transmite su varilla cuando el agua está cerca, pero estos impulsos son de índole física, por muy misteriosa que sea su naturaleza. No existe en esta tarea una atmósfera de mal, y el resultado es bueno y no malo. Recoger impulsos mentales del exterior dejando la mente en blanco, no pertenece en absoluto a la misma categoría. San Agustín y otros han enseñado que sólo Dios puede profundizar en el fondo del alma, el vértice donde de vez en cuando formulamos una decisión, pero una inteligencia exterior puede adivinar perfectamente qué estamos pensando o planeando, mediante las señales que manifestamos. Esta es la experiencia normal de lo que llamamos tentaciones del demonio, pero la conquista mental es un asunto mucho más grave. Hay que suponer que el propósito del diablo es la destrucción por el placer de la destrucción, y la mejor manera de lograrla es provocando el desdoblamiento.
La infestación de lugares y no de personas mediante la actividad de naturaleza fantasmal, no siempre es diabólica. Puede haber al menos cuatro causas posibles para los ruidos, el desplazamiento de muebles y otros fenómenos similares. Movimientos de agua subterránea pueden actuar como causa física. Puede haber una persona de doble personalidad que efectúe el desorden de mañera inconsciente. Puede ser el alma de alguien que murió en la •casa y que desde el Purgatorio quiere llamar la atención por algún motivo. Incluso puede ser un niño o una niña de doce años, dotado de cierta energía psíquica, extraña pero natural, que sea capaz de hacer temblar los objetos. Pocos adolescentes tienen esta facultad, pero se sabe que ha ocurrido ocasionalmente. El diagnóstico, aquí, debe ser guiado por la prudencia y no por la precipitación.
El filósofo polaco, Leszek Kolakowski, que ahora vive en Occidente, ha escrito un ingenioso libro titulado El diablo y las Escrituras. En él presenta a los teólogos actuales como retrógrados en sus comentarios sobre el diablo. ¿Tienen miedo a las burlas de los escépticos o a la risa de las sátiras nocturnas de la televisión? Parecen temerosos de ser llamados medievales, antihigiénicos y pasados de moda. En Inglaterra, la generación de la guerra fue educada sobre la base de las Screwtape Letters, y es posible que no tenga el mismo problema, pero los que leyeron el libro en To-bruk o en Colditz están envejeciendo, y la nueva generación tiene que contentarse con Blatty y «El exorcista».

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El exorcismo en la iglesia actual

El exorcismo no es un sacramento, pero sí lo que los católicos llaman un sacramental. Es decir, no da la gracia en virtud del acto realizado (como los sacramentos), sino en virtud de la oración combinada de toda la Iglesia. Ningún sacerdote puede efectuar un exorcismo por cuenta propia; debe acudir al obispo de su diócesis, para que su acto sea efectivamente respaldado por la oración de la Iglesia. (Las palmas bendecidas no son sólo un trozo de palma seca, sino palmas bendecidas por la Iglesia en su liturgia, y también ellas son sacramentales.) Jesús practica exorcismos en los evangelios, pero incluso aunque los apóstoles fueron enviados a practicar actos similares, esto no convirtió el exorcismo en un sacramento, ya que no es uno de los medios ordinarios de la gracia para todo el mundo, ni establece una condición en la Iglesia como hacen los sacramentos del matrimonio y del sacerdocio.
Algunos teólogos modernos han intentado eliminar el elemento del exorcismo de los Evangelios, aduciendo que Nuestro Señor hizo los gestos del exorcismo simplemente como una concesión a la creencia popular de la época, y sabiendo que allí no había ningún demonio. Esto elimina en realidad un considerable elemento de la narración de la Biblia. Cuando Cristo dijo a la mujer jorobada (Lucas 13:16) que Satán la había encorvado durante dieciocho años, no fue debido a que supiera que esto era lo que la gente esperaba oír. Es cierto que los profetas, y el propio Señor, no explican a sus coetáneos las leyes de la ciencia física; los Evangelios dicen que el sol recorre el cielo horizontalmente, como si así ocurriera en realidad. Pero, como insistió en época reciente el Concilio Vaticano, no se puede, desde cualquier punto de vista razonable de la acción de Dios en la revelación, extender esta idea de acomodación o concesión a la ignorancia humana hasta donde llegan las cuestiones importantes para nuestra salvación. Pues bien, lo que sí es importante para nosotros es si existe o no el demonio. La Iglesia ha enseñado con voz muy clara la existencia de los demonios (en un plural). En el Concilio de Letrán de 1215, el asunto fue aclarado con una definición, en vista de las herejías de la época, en que los cataros de la Provenza y el norte de Italia aseguraban que el mundo era dirigido por dos potencias opuestas e iguales, una buena y una mala. A esto replicó la Iglesia que los demonios habían sido creados buenos por Dios, pero que se volvieron malos por propia elección. En el Evangelio de San Mateo (4:24) hay una minuciosa distinción de cuatro categorías de personas curadas por el Señor: los enfermos y doloridos; los que están en poder del demonio; los lunáticos y los paralíticos. Hay que suponer que en el siglo primero, la observación de estados anormales era muy profunda, aunque fuese muy elemental el conocimiento de las causas de la enfermedad. Los tratados médicos de Celso y Galeno se utilizaban todavía a principios del siglo diecinueve, hasta que el microscopio empezó a prestar alguna ayuda a los médicos.
La primera regla de la Iglesia sobre el exorcismo es que el sacerdote en cuestión no debe ser crédulo ni estar dispuesto a creer que se trata de un caso de posesión. Tal vez un noventa por ciento de todos los casos que parecen posesión no lo son en la realidad. Es decir, muchas formas de depresión mental que requieren cuidados psicológicos pueden ofrecer el aspecto de la posesión. Una muchacha que ha intentado ser monja y ha sido rechazada, por no reunir las cualidades necesarias, puede imaginarse que alguna fuerza le impide entrar en la iglesia a rezar o arrodillarse cuando está en la iglesia. Simplificando las cosas podríamos decir que se trata de una reacción de su amor propio, que le induce a no rezar porque las monjas la han considerado indigna. Puede no verse como es en realidad y no comprender que es el orgullo la causa de su impedimento. Y de este modo puede continuar engañándose hasta que el engaño se convierte en convicción de que el demonio la posee para evitar que rece.
El exorcismo, no siendo un sacramento sino un sacramental, no está ligado al ministerio de los sacerdotes católicos. En los Evangelios hay el famoso caso (Marcos 9:38) del hombre que expelía demonios en nombre de Jesús y no era discípulo suyo. San Juan quería detenerle, pero el Señor dijo en este caso: «Quien no está contra nosotros, está con nosotros». Pero la Iglesia insiste en que sus propios exorcistas se atengan a sus reglas. Los signos de un caso de posesión que pueda parecer genuino son descritos en general como de tres clases: hablar una lengua desconocida para el sujeto; dar muestras de una fuerza física antinatural; saber cosas secretas que el sujeto no puede haber descubierto por medios naturales. No es suficiente tener un solo signo. Cuando yo tomaba parte en un programa de TV con David Dimbleby sobre este tema, había en el auditorio un joven que nos dijo que Dios le hablaba en un lenguaje desconocido, y de momento sentimos el temor de que nos diera un ejemplo allí mismo. (Existe una gran necesidad de discernimiento sobre las expresiones del Pentecostés, pero esto es otro tema que ya he discutido con detalle en Orden cristiana, octubre y noviembre de 1972). Puede ser conveniente referirse aquí al curioso caso de una muchacha de Palermo, Sicilia, en 1850. Dejó repentinamente de hablar italiano y empezó a hablar en inglés a la edad de diecisiete años. Era su única anormalidad; no usaba lenguaje obsceno, carecía de fuerza física, y no hubo revelación de secretos. El párroco intentó exorcizarla, pero sin resultado. Al cabo de unos meses volvió a su personalidad italiana y vivió de modo normal el resto de su vida. ¿Qué le había ocurrido? Se produjo indudablemente un desdoblamiento de su personalidad, y la personalidad secundaria que la dominó, procedió de su interior. Esto es lo único evidente.

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Los hechos sobre los que se basa la película El Exorcista

exorcismo¿Pierde siempre la Iglesia a un exorcista en ocasiones de esta índole? Los hechos verdaderos sobre los que se basa la película (y la novela que la precedió) demuestran que los tres exorcistas en cuestión vivieron felices en lo sucesivo, mientras el muchacho poseído en St. Louis en 1949 fue liberado y llegó a ser hombre de negocios y padre de tres hijos. Unas palabras sobre estos hechos. El asunto empezó en Washington el 15 de enero de 1949, cuando un muchacho de catorce años de un suburbio de Washington oyó durante quince días unos ruidos alrededor de su cama. El 29 de enero de 1949, su tía murió en St. Louis. Al conocer esta noticia, el muchacho y su abuela pensaron que los ruidos podían tener alguna relación con su muerte. Cuando el ruido empezó de nuevo, preguntaron: «¿Eres tú, tía Tillie? Si lo eres, da tres golpes.» En seguida oyeron tres fuertes golpes. Poco tiempo después, el muchacho fue arañado mientras yacía en la cama, y los arañazos parecían corresponder a palabras. Los objetos empezaron a volar por la habitación, y la ropa de la cama se levantó y se mantuvo rígida. Una de las palabras producidas por los arañazos fue interpretada como Louis, y los dos se fueron a St. Louis, donde los fenómenos conutinuaron empeorando. Se llamó a un médico, después a un psiquiatra, y finalmente a un espiritista y al pastor luterano (pues el muchacho profesa dicha fe). Todo fue en vano, y el pastor dijo a los padres que llamasen a un sacerdote católico. El 9 de marzo, la casa fue bendecida por un sacerdote que colgó una reliquia de Santa Margarita María sobre la cabecera de la cama del muchacho. Cuando éste se hallaba en la cama, el colchón empezó a ondularse con violencia. Por la noche del 10 de marzo se produjo otro ataque: el muchacho fue arañado y la reliquia, arrancada de la cama y lanzada contra un espejo. A la noche siguiente, el muchacho fue bendecido con una reliquia de San Francisco Javier (porque se estaba terminando la novena de la Gracia). El muchacho fue trasladado a la residencia jesuíta de St. Louis, donde tres sacerdotes iniciaron un largo exorcismo que duró toda la noche. El muchacho gritaba obscenidades y hablaba en idiomas extraños y actuaba con violencia durante el exorcismo. Finalmente fue liberado del diablo, y ahora es padre de tres hijos y un hombre de negocios muy afortunado.

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El Exorcista

exorcismos«Muchacha del sur de Londres víctima de El Exorcista», rezaba, hace muchos años, el cartel. Leyendo el periódico me enteré de que la muchacha tenía pesadillas después de ver la película de William Blatty. «Yo no conocía el tema de la película. Fui a la presentación con un amigo que tenía entradas. No dejo de pensar que me va a ocurrir a mí.» Podríamos moralizar sobre el absurdo de ir a ver no importa qué, incluso si es para complacer a un amigo, pero lo importante es saber que una joven de dieciocho años pudo identificarse con los sufrimientos vistos en la pantalla de una niña de doce años que estaba poseída por el demonio. Dicho en términos clínicos, había experimentado la primera parte del efecto que debe causar una tragedia, pero no la segunda. Los antiguos decían que una tragedia (como las de Sófocles) tenía la misión de despertar en los espectadores las emociones de piedad y temor, y entonces, por así decirlo, reventar la hinchazón de la emoción concentrada y eliminar el exceso. La joven del sur de Londres no había pasado de la primera fase.
No todos los que claman contra la cinta son adolescentes. Existe lo que podría llamarse una reacción humanista ante una película en la cual la Iglesia católica sale victoriosa, pese a que mueren los dos sacerdotes de la película, por causas diferentes. De hecho, un crítico americano atacó el film diciendo que era propaganda católica del mismo nivel que Bing Crosby en la película Siguiendo mi camino, de 1945. En ella, los dos jefes irlandeses de la tropa de exploradores, que tenían a su cargo la ruinosa parroquia, eran presentados el uno frente al otro, viejo contra joven; en la actual, los dos sacerdotes exorcistas son también contrastados, pues uno de ellos es anciano y está enfermo del corazón (causa de su muerte), y el otro es un joven progresista que tiene su propia liturgia particular para decir misa y es más aficionado al manual de psicología que al ritual romano. El defecto de carácter que debe tener un personaje trágico, según los antiguos, se descubre con facilidad en el joven, y éste es el motivo de que despierte nuestras emociones de piedad y temor. Su confesión antes de morir, mientras yace moribundo en la acera donde ha caído, está calculada para demostrar que al final hace las paces con Dios, y la prolongada secuencia última, en que el rector de Georgetown certifica la curación completa de la niña poseída, y entonces camina lentamente hacia el lugar donde murió el joven sacerdote, hace una pausa, y después vuelve con la misma lentitud a las puertas del colegio, todo ello quiere dar a entender, a modo del coro final griego, que la Iglesia ha conquistado verdaderamente al mal. Es increíble que pudiera entrar en la cabeza de un crítico católico que la película deja triunfante al mal… a menos que un católico progresista quisiera ver humillada a la Iglesia y le decepcionara que no ocurriese así.
Los hechos sobre los que se basa la película
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