Pero Capricornio es prudente y sabe que hay que cuidarse, de eso no hay duda. Probablemente a diario no bebe más que agua y nunca abusa de las grasas… pero se empeña en hacer todo con tanta perseverancia, que se olvida de lo más importante: disfrutar de la vida. Y en la mayoría de las veces, alegría y salud van de la mano. Además la necesidad casi compulsiva de soledad de este nativo, hace que se refugie en su torre de marfil y que carezca de una vida emocional o afectiva sana.
Y es que, si este gran ermitaño saliera más a menudo de su refugio y compartiera con los demás sus penas y glorias, sin duda aumentarían sus ganas de vivir y su ánimo florecería por arte de magia.
Y eso no es todo. Como Capricornio es un gran desconfiado y no cree en la suerte, en el destino, y mucho menos en los seres humanos, se echa constantemente todo el peso de su existencia sus espaldas. Lo cual, indudablemente, resulta agotador. No es raro, portante, que las articulaciones de este signo sufran tanto, ni que las rodillas le flaqueen a menudo. Los esfuerzos de la Cabra son casi constantes.
Por otra parte, Capricornio necesita mantenerse informado de todo lo que sucede en el mundo. Para ello lee el periódico a diario, escucha los boletines horarios de la radio y no hay informativo televisivo que se pierda. Lo cual, unido a sus miedos internos, hace que el nativo de este signo sea un paranoico en potencia.
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