Pero de lo que Capricornio no se percata es de que la sociedad también le puede fallar. No son pocos los que tras años de lucha y esfuerzo al fin alcanzan una posición relativamente poderosa desde la cual se percibe a la perfección toda la corrupción que esconde la escalada social. Por eso contar con unos ideales propios muchas veces puede resultar más interesante e incluso más ventajoso en determinados momentos de crisis.
Lo que desea Capricornio está bien claro. Algunos signos dirían que anhelan el amor, los bienes de producción o incluso la libertad personal. El nativo de este signo es de la opinión de que con dinero se consigue todo eso y todavía más. Capricornio puede desear riqueza, prestigio y poder, pero no para utilizarlo. Bueno, lo cierto es que sí haría algo con ello…, más dinero. La riqueza siempre queda, no hay que hacer nada grandioso con ella, a no ser que sea lo más rentable y seguro. Parece ser que el mayor deseo de Capricornio es el de llegar a viejo sentado sobre un imperio con el que sueñan todos los días sus más directos herederos. ¿No será que de esta manera Capricornio se asegura el más alto respeto hasta el último momento de su vida?
Por todo ello, hablar de fantasías en este signo tan pegado a la tierra, es algo relativo. La imaginación no cabe en la apretada vida de Capricornio, o mejor dicho, aunque quepa, siempre estará orientada de algún modo hacia la práctica vida rutinaria. La imaginación es un arma poderosa y debe ser empleada, pero siempre que hablemos de Capricornio nos tendremos que referir a fantasías tan reales o concretas como el pan nuestro de cada día.
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