Pero no sólo del cuerpo vive el hombre. Es más, a ciertas edades Capricornio es todo mente, debiendo cumplir con los dictámenes de su poderoso sentido común sin apenas reparar en el cuerpo ni en la salud. Es verdad que jamás se logrará rescindir la ambición propia del signo, pero tras unos pequeños sustos, la salud empezará a recobrar la importancia que precisa, y Capricornio tendrá que aprender a buscar el equilibrio entre ambición y salud para poder disfrutar de lo que con tanto esfuerzo ha conseguido.
La flexibilidad brilla por su ausencia en Capricornio, y no sólo a un nivel físico. A nivel psíquico este individuo se tiende a cerrar en banda, haciendo gala de su natural testarudez. La gimnasia china, el Tai Chi, el yoga y otras artes en las que se combina cuerpo y mente de una forma sosegada y equilibrada pueden ser muy beneficiosas si se practican con asiduidad.
Los resultados no serán exclusivamente físicos, y dado que Capricornio sólo cree en lo que puede experimentar, desde este capítulo se reta al nativo a poner estas terapias en práctica y a dedicarles el tiempo suficiente, tan necesario para todo lo que Capricornio hace. Los resultados no serán espectaculares pero si muy significativos de cara al envejecimiento.
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