Mucho le cuesta a Capricornio desarrollar y construir su imagen personal como para tirarla por la borda así como así. Su manera de relacionarse suele dejar un regustillo amargo: sin duda, Capricornio sabe ser cordial, educado o incluso gracioso, pero siempre dará la impresión de estar muy alejado de la frescura y la espontaneidad que tan bien caen. No es que Capricornio siempre sea asi, pero probablemente alguna vez en su vida lo haya sido. La experiencia no pasa en vano para el nativo de este signo que no cesa de recoger información para así poder incorporar las mejores coletillas y actitudes a su insaciable saco de personalidad. No es de extrañar que con la edad este nativo vaya mejorando a marchas forzadas. Simplemente saber que se tiene gran parte del duro camino recorrido y asimilado le llena de la jovialidad y la alegría que tanta falta hacen al signo.
Una de las lecciones que más le costará aprender a la Cabra es aquella que le puede enseñar a dar aquello que tanto ansia recibir. Por lo general, y por muy amigo que sea de una persona, hay ciertas cosas que Capricornio no puede compartir y eso es un peso muerto que en numerosas ocasiones entorpece las relaciones con los demás. A base de no perder la paciencia y de escrutar sus propios actos, el nativo de este signo encontrará la clave de su éxito a través del intercambio y de una superficial y somera generosidad con la que conseguirá que se desvanezcan las tensiones que encierran a las personas dentro de su torre de marfil.
Capricornio es un signo lento que necesita tomarse su tiempo para poder alcanzar una posición de la cual se sienta en parte satisfecho. A partir de ese momento el nativo del signo deberá poner toda su atención en pulir sus defectos de cara a lo demás, como son la falta de flexibilidad, incredulidad, frialdad y una fuerte dosis de circunspección. De esta manera conseguirá deslumhrar y atraer con su brillo las atenciones que tanto añora de los demás.
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