Cáncer es por lo general bastante ocurrente, chistoso y ameno. En el momento en que Cáncer hace una payasada -y lo cierto es que las hace a menudo-, su sentido del ridículo queda relegado a un segundo plano. Cuando se expresa, el Cangrejo, por lo general, prefiere no tener que pensar en ello. Por eso es imprescindible para este nativo disfrutar de cuando en cuando de la compañía de sus amigos de siempre. Cáncer teme ser decepcionado y por eso no abre su corazón así como así. Además, como es tan sensible, a menudo funciona como un espejo, reflejando la imagen que los demás le ofrecen. Si alguien es amable con el Cangrejo, de seguro que recibirá una amplia sonrisa, pero si alguien alberga malas intenciones, entonces el Cangrejo o bien se retrae bajo su concha o bien saca sus poderosas pinzas dispuesto al ataque. Únicamente cuando Cáncer se encuentra entre personas allegadas, consigue relajarse, desprenderse de su armadura y comunicarse con naturalidad y despreocupación. En la amistad Cáncer no busca nada excepcional. Pasar un buen rato y tener un pretexto para disfrutar de una buena comida casera es más que suficiente para los emotivos hijos de la Luna.
Uno no debe creerse que simplemente por conocer a un Cáncer ya tiene un buen amigo. Al contrario, son bastantes las decepciones que muchas personas se llevan a la hora de entablar amistad con este nativo. Su duro caparazón permanece oculto tras esa graciosa y distendida apariencia que Cáncer muestra al exterior y que no debe de ser muy tenida en cuenta a la hora de valorar la amistad. Para este nativo es imprescindible tener un pasado común que añorar. Las viejas correrías o simplemente el tiempo que se ha compartido con un Cáncer es el mejor seguro para tener a este nativo como amigo de por vida.
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