Brujas y brujos (1)

La palabra original es Wicca y significa, según la magia celta, “arte de los sabios o de los dedicados”, no siendo extraño que todavía se encuentre la palabra Wicca como modo para definir la brujería en general o el arte de ser brujo. De cualquier manera, su antigüedad puede alcanzar los 6.000 años, lo que nos lleva inmediatamente a considerarlo un fenómeno cultural digno de estudiarse, en lugar de condenarlo.
La brujería es una religión que se originó en África y llegó hasta Haití por los esclavos, donde todavía es practicada ampliamente por la mayoría de sus habitantes. Muchas de las características de esta creencia son positivas y afectan a todos los aspectos de las vidas de las personas, como moralidad, economía, seguridad, relaciones sociales y salud.
Las primeras referencias escritas sobre la magia negra provienen de las culturas sumerias, babilónicas, egipcias y griegas, en donde tuvieron un gran arraigo rivalizando con las religiosas e incluso por encima del pensamiento científico. En esta época la mayoría de las personas creían que los procesos naturales estaban controlados por los espíritus y utilizaban la magia para pedirles ayudas y favores.

No empleaban elementos químicos en un principio para sus rituales, aunque poco a poco incorporaron el hierro, oro y cobre. Durante algún tiempo los filósofos griegos Thales y Aristóteles especularon sobre la composición de la materia y divulgaron que la tierra, el aire, el fuego y el agua (más una quinta sustancia conocida como “quintaesencia”) eran los elementos básicos que componían toda la materia.
Justo en esta época es cuando aprendieron a elaborar el bronce, mezclando cobre y estaño, y esto indujo a muchos científicos del momento a creer que si pudieran combinarse diferentes metales amarillos duros podrían conseguir oro o, lo que es igual, conseguir la piedra filosofal. Esta creencia de que el oro podría formarse con otras sustancias llevó a un conjunto de especulaciones y experiencias relativas a las transmutaciones de la materia, conocida como alquimia. Indudablemente, no consiguieron el propósito original de fabricar oro, pero influyó en el origen de la ciencia química. La búsqueda de la piedra filosofal tuvo destacados y célebres seguidores durante la Edad Media, especialmente en Egipto y Asía Menor, siendo introducida en Europa por los árabes y los judíos.
Es difícil definir a la brujería como religión, filosofía, arte o ciencia, pues posiblemente englobe todo ello. Puede, igualmente, considerarse como una práctica pagana (idólatras o gentes no bautizadas), o como monoteísta (que reconoce a un solo Dios), e incluso como ambas, pues su energía se basa en la fuerza vital del universo y en la que aportan los dioses o diosas. No cree en el cielo ni en el infierno, pues considera que todo forma parte del mundo invisible y que lo importante es dirigir y encauzar ese mundo para provecho de los humanos.
Ser brujo o bruja no es cuestión de realizar unos estudios concretos, un doctorado, pues se necesitan primordialmente ciertas facultades que vienen grabadas desde el nacimiento. Después es necesaria una dedicación exclusiva, pues no se puede ser bruja de noche y secretaria de día, además de un compromiso noble con los postulados de la brujería y fe ciega en lo que hace y quiere conseguir. Luego, necesitará indudablemente el asesoramiento de una bruja o jefe mayor, más experimentado, pues deberá aprender los conjuros y rituales necesarios y que éstos estén unificados bajo un mismo principio, que no es otro que aquel que legaron los antepasados.
La posibilidad de que un conjuro efectuado por una bruja sea más efectivo que si lo efectúa una persona no experta, reside no solamente en la experiencia, sino en las capacidades psíquicas y espirituales que debe poseer desde su nacimiento. Una vez conseguidas ambas cosas, solamente falta un ritual adecuado, en un ambiente correcto, y emplear las palabras decisivas.

Sigue leyendo >>>

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *