La magnetización

Al quinceavo día empezaremos a magnetizar la bola de cristal después de los siete días de la purificación y los siete del conjuro. Vamos a atenernos a las reglas ya fijadas para los dos primeros rituales.
Antes de comenzar el ritual diario de magnetización, nos daremos un paseo por el bosque o a orillas del mar: nuestro cuerpo tendrá que cargarse de energía cósmica fluctuante y vital. Es muy importante para la magnetización desarrollar una buena técnica de respiración. Sugerimos el siguiente ejercicio:
1. Sentarse correctamente, es decir, con la columna vertebral perfectamente recta, sobre una silla o sobre una alfombra (en este último, siempre en la “postura perfecta” sugerida por el yoga, tratando de “olvidar” nuestro cuerpo (imaginando, por ejemplo, que estamos a su lado).
2. Cerrar las manos en un puño, sin apretar demasiado los dedos, y ponerlas al lado de la boca (el puño derecho a la derecha, el izquierdo a la izquierda).
3. Alargar los dos índices.
4. Espirar todo el aire de los pulmones.
5. Poner el índice derecho sobre el orificio derecho de la nariz, apretándolo delicadamente: el orificio tiene que permanecer cerrado.
6. Aspirar lentamente, sólo con el orificio izquierdo, contando mentalmente los segundos que hacen falta para llenar los pulmones de aire.
7. Una vez llenos los pulmones, poner el índice izquierdo sobre el orificio de la nariz izquierdo: los dos orificios ahora están cerrados.
8. Inmediatamente después levantar el índice derecho: el orificio derecho está libre.
9. Espirar lentamente por el orificio derecho, por un tiempo idéntico al del movimiento anterior, tratando de vaciar a fondo los pulmones del aire aspirado.
10. Aspirar lentamente, siempre por el orificio derecho, y espirar por el izquierdo, continuar del mismo modo durante diez-quince veces. Al terminar, empezar a respirar otra vez como de costumbre.»
Además, aconseja «ejecutar este ejercicio con mucha calma, sin precipitación. Cuando los orificios de la nariz están cerrados, el paso de la aspiración a la espiración se tiene que realizar sin esfuerzo, de un modo natural. No es necesario, y a menudo es nocivo, retener el aire inspirado. Tenemos que pensar, en cambio, en cada aspiración, que absorbemos consciente y tranquilamente energía vital; y, en cada espiración, que nos libramos también tranquila y serenamente de inútiles desechos de energía».
Sentémonos, pues, en la misma habitación, esta vez completamente a oscuras. Pero a nuestras espaldas arderá una vela negra. El Lamen cubrirá, como siempre, la bola. Tenemos que concentrarnos en la vela, alejando todo pensamiento y toda imagen de nuestra mente. ¡El vacío tiene que adueñarse de nuestra mente y de nuestro cuerpo!
Cuando nos sintamos preparados para recibir el «don», elevemos en voz alta la invocación dirigida al Señor y a los espíritus que habitan el éter: las sílfides.

Gran Espíritu
de fuerza y de sabiduría,
cuyo aliento
da y quita la vida.
Tú, grandioso,
que asciendes a los cielos,
que increpas a los mares,
que haces ondear las ramas
y vuelas con las alas del viento.
Que el aliento de tu inmenso
conocimiento descienda
como aliento de amor,
como don sobre aquellos
que te invocan con fe.
Haz que el sueño
se convierta en realidad,
y tráeme, como un corcel,
el lúcido pensamiento
de la videncia.
Indúceme a correr
hacia tu presencia regia.
Tú que en tu voluntad
haces que transcurra la vida,
en la verdad de las cosas.
¡Amén!

Mientras recitamos esta invocación, tenemos que hacer también numerosos «pases» circulares sobre nuestra bola, primero con la mano derecha, en sentido horario, después con la mano izquierda, en sentido antihorario.
Apaguemos la vela negra de un solo soplido. Dejemos la bola tal y como está, cubierta por el Lamen, sin volver a mirarla durante siete días.

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