La Bola de Cristal

Lo primero que hay que hacer es tener una bola de cristal compacta, sin ninguna apertura, sin sombras, a ser posible sin imperfecciones. La bola de cristal tiene que tener un diámetro de al menos 7 centímetros. Las bolas de cristal de roca son muy raras y, por tanto, muy costosas, y cuando tienen este tamaño no son perfectamente transparentes, así que ni siquiera sirven para lentes. Puesto que las inclusiones o grietas pueden alterar la visión, es mejor usar una bola de cristal. Por lo general, basta con simples bolas de cristal fundido. Pero si tienen dinero, compren una bola de cristal afilado y puro, desde el punto de vista óptico. Elijan ustedes la bola que mejor les conviene.
El cuarzo, o cristal de roca, tiene la propiedad de captar de un modo excelente las vibraciones del plano que los ocultistas llaman “astral”. Sin embargo, hay que distinguirlo de los objetos que se suelen llamar “bolas de cristal”, de esas que se compran; de hecho, se trata de cristales normales o, en los casos límite, de esferas de cristal normales y corrientes a las que se les ha añadido un mayor porcentaje de plomo para que sean más transparentes. Estas bolas no son tan apropiadas para una buena videncia, como, en cambio, las que están recortadas en el cuarzo sin mellar, que son más raras y cuestan mucho más. Pero el lector sagaz, inteligente y apasionado, puede dedicarse a una búsqueda atenta y, por tanto, afortunada, y hacerse de ese modo con un buen cristal de roca al que un hábil artesano dará luego una forma esférica. En todo caso, recomendamos esta tradicional bola de cuarzo que, a pesar de tener un tamaño mínimo, es el único soporte natural y, por tanto, verdaderamente mágico, que puede dar resultados indiscutibles, seguros y a menudo espectaculares.
Hace falta un telar o un soporte, de madera o de metal, sobre el que habrá que apoyar la bola; si lo prefieren, pueden apoyarla sobre un almohadón de seda negra. La bola de cristal no ha de estar contaminada (en general, y en particular antes de que empiece la sesión contemplativa) por sudores u otros elementos cargados de negatividad. La cristalomancia es la «forma moderna de antiquísimos y nobles procedimientos adivinatorios que pretenden despertar la perceptividad astral», a fin de hacer visibles los signos que evocan el pasado, revelan el presente o anuncian el futuro. Por eso, es indispensable que la esfera de cristal sea, por así decirlo, extremadamente «personalizada».
Un sabio ha escrito: «¡Tu bola ha de ser como el perro, sólo ha de obedecer a su amo!» Otros han afirmado que el ocultista tiene que manifestar «mentalmente una confianza absoluta en las propiedades particulares de la esfera: los iniciados dicen que hay que “amarla”. Por tratarse de un objeto-soporte prodigioso, la bola de cristal no se debe enseñar a personas curiosas o no iniciadas en el arte, como por lo demás hay que hacer con todos los demás instrumentos y accesorios mágicos. Por consiguiente, la bola ideal la tiene que manejar únicamente el que la posee, para que no se mezclen en ella vibraciones o magnetismos ajenos, que lo único que consiguen es debilitar sus poderes».
La bola se tendrá que preparar perfectamente para que sea pura como «agua de manantial». Antes de utilizarla, es oportuno «eliminar de ella todo reflejo superfluo de luz, sobre todo artificial… En efecto, si los juegos delos reflejos, de las sombras y de las luces artificiales penetran en la bola, la visión de las imágenes de lo astral —la verdadera videncia— se presenta alterada o no se presenta en absoluto».
Por tanto, no se dejará que nadie manipule la bola después de que haya sido purificada y magnetizada: toda manipulación ajena interrumpe, altera y destruye la sensibilidad astral. Recuerden siempre que la clarividencia a través del globo tiene que representar ante todo una búsqueda personal para alcanzar la perfección espiritual, acercándonos así al Divino Creador, a quien, en todo momento, habremos de dirigir nuestro pensamiento de veneración y agradecimiento por el magnífico don de la videncia que, en su infinita bondad, ha querido prodigarnos.
Háganse, además, con un trapo de seda negra que tenga grabados los cuatro nombres sagrados: Adonai (tierra), Schaddai (aire), Elohim (agua) y Jehová (fuego). Estos nombres sagrados se tienen que escribir en oro, en círculo sobre el trapo, que tendrá que medir 30 x 30 centímetros.
El trapo negro se llama Lamen. Antiguamente se trataba de una mesita construida a propósito para esta forma de adivinación: era muy baja y se apoyaba sobre tres patas. Tanto el consultante como el «médium» se sentaban sobre unos almohadones puestos en el suelo. El Lamen no se tendrá que lavar nunca: cuando el tiempo lo haya raído, se hará con otro nuevo, obviamente, preparado para el uso sagrado para el cual está destinado.

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Hechizos y brujerías

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