Comunicaciones telepáticas

El adepto que empieza a practicar la contemplación sobre la bola de cristal puede recibir el influjo de la reproducción de los pensamientos que se entrecruzan entre él y el consultante. Este tipo de comunicación se tiene que considerar exclusivamente de tipo «telepático». La telepatía ha sido definida también como la «comunicación entre las mentes, fuera de los cinco sentidos oficialmente reconocidos». Por tanto, es la consciente transmisión de pensamiento entre dos o más personas, potenciada lógicamente por la bola de cristal que hace de medio de transmisión y de amplificador del mensaje telepático.

Visiones

Este tipo de «imágenes» podría ser valorado en otra parte como memoria genética, o, mejor dicho, como «contenido psíquico» perteneciente a la memoria del contemplativo. La bola de cristal, como superficie reflejante que es, acrecienta la potencialidad de la mente del contemplativo, poniéndola en contacto con los recuerdos inconscientes de otras mentes, estableciendo también el contacto, difícil de realizar, por cierto, con el inconsciente colectivo olvidado en el éter. Spinoza decía: «Los hombres se creen libres sólo porque tienen consciencia de sus actos, pero ignoran las causas que determinan dichos actos».

Sería realmente interesante esbozar las fases del desarrollo del concepto de inconsciente, pero nos lo impide la falta de espacio. Sin embargo, conviene recordar que dicho concepto está íntimamente relacionado, desde sus orígenes, con las teorías que consideran al inconsciente como un principio cósmico y como el fundamento mismo del proceso vital.

Encontramos un vivo testimonio de este proceso en muchos sistemas filosóficos antiguos (por ejemplo, en la doctrina paleohinduista del Vedanta sobre el segundo atributo de Brahma), en la filosofía europea medieval (en los enunciados de Tomás de Aquino, etc.), en los conceptos posteriores de filósofos ilustres como Fichte, Schelling, Schopenhauer, Hegel, Herbart, etc., y, sobre todo, en el sistema elaborado en los años setenta del siglo pasado por Hartmann. El lector conoce seguramente a Freud y a Jung, estudiosos que tienen que estar siempre presentes en su atención y en su búsqueda. Como vemos, la importancia del estudio es decisiva para penetrar en nosotros mismos y en los demás.

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