¿Se debe el mal de ojo a la brujería?

Cuando la ciencia médica fracasa al luchar contra una enfermedad, acerca de cuya naturaleza no se atreve a pronunciarse, es frecuente que los amigos del enfermo mencionen el mal de ojo. O que atribuyan el mal a un hechizo o a cualquier embrujamiento provocado por una mirada malévola. Así dicen que sucedió con Marión Peebles, una bruja diabólica, al decir de quienes vivían en la Inglaterra del año 1644, Provocaba el hundimiento de las embarcaciones grandes o pequeñas a cuyos tripulantes había dirigido previamente su mirada venenosa.

Si esta Marión ponía los ojos en una vaca, no tardaba en abandonar ésta la vida. Pobre de aquél que se hiciera acreedor a su odio, porque se iba al otro mundo o enfermaba su ganado o caía granizo sobre sus cosechas. Eran tantos los cargos contra la bruja que los jueces tuvieron que condenarla, finalmente, a la horca y a ser quemada después. Eran muy desconsiderados, aquellos jueces de antes. Pero, en realidad, la mujer se lo merecía, porque además de poseer el poder de hundir los barcos con una mano atada a la cintura, disponía de diversos poderes mágicos. Sabía provocar tormentas, en tierra o en el mar.
Al parecer, las brujas estaban a salvo de tales peligros en el mar si se les ocurría viajar por barco. Jamás les sucedía nada. Sin embargo, cuando era descubierta una bruja a bordo, los tripulantes no vacilaban en tirarla al mar. No parecían percatarse, los insensatos, del peligro que corrían y que se exponían a perecer ahogados.

En el condado inglés de Flint, un campesino llamado Edward Foulke denunció, el 6 de junio de 1657, a una mujer de nombre Ann Ellison, sólo porque le había echado mal de ojo a un cordero de su propiedad y el pobre animal había enfermado después de mirarle feo la dama. Como los vecinas sabían muy bien que la tal Ann Ellison era una mujer de corazón duro como la piedra, que en alguna ocasión había mirado con malos ojos al cordero, la culparon de todo lo que se les ocurrió, hasta de haber pactado con Satanás. Le exigieron retirar el hechizo lanzado al ovino desdichado.

A pesar de que la mujer se presentó ante el cordero cuando el animal había recobrado por sí solo la salud, tuvo que realizar una serie de pases mágicos y diversos gestos de hechicería. Quiso ayudar en lo posible en la curación de un animal que ningún mal sufría, pero en opinión de sus conciudadanos el animal había enfermado por su culpa: Ann lo había maldecido con los ojos sin que nadie se diera cuenta. Tuvo suerte, la buena señora, porque el juez estaba de buen humor aquel día y mandó ponerla en libertad.





Fontana di Trevi
Ciertas costumbres se alimentan no sólo de los gatos negros, los martes trece y otros fenómenos similares, sino que también lo hace con sitios dados. Es probable que alcance los dedos de una mano para contar aquellos que han visitado Roma y no han echado, de espaldas, una moneda en la Fontana de Trevi para que se cumpla la profecía de que regresarán a Roma algún día.
Volver a Brujería de hoy y de ayer