Por qué aparece el diablo provisto de cuernos

Resulta curioso observar que los seguidores de la Wicca —mencionada en páginas anteriores— se llamen a sí mismos paganos, término que se concedía antaño a quiénes creían en los antiguos dioses de la naturaleza. Esta palabra deriva del latín paganus, nombre aplicado a quiénes vivían en el campo y conservaban creencias que diferían de las que existían en la ciudad. Por esta razón se llama aún pagano a quien no profesa la religión cristiana, sólo porque ésta tardó más tiempo en llegar a los campesinos.
Los miembros de la Wicca adoran a la naturaleza a través del sexo. Desconocen por completo a Satanás y a los demonios que son parte importante de las religiones judeocristianas. Su dios Germanos es presentado con uno o dos pares de cuernos, pero nada tienen de malignos, sino que simbolizan al principio creador, tal como existió en la antigüedad en la figura de Pan y de otros seres divinos que tenían cuerpo de hombre pero piernas de cabra, con las pezuñas hendidas.
Pan, a quien los romanos llamaron Fauno, era el símbolo de la libido y de las fuerzas desbordadas de la naturaleza frente a las cuales el hombre se sentía impotente. No nació en Grecia, sino que era originario de Asia, igual que Dioniso, de donde pasó sin duda a Egipto. Se adoró en estos países en forma de cabra, en especial en la ciudad egipcia de Menes, pero este animal daría paso al toro y al buey Apis, que no era un ser castrado como quiso describirse más tarde, sino un animal lleno de pujanza. El toro señalaba el inicio de la primavera, cuando después del largo sueño invernal renacía la vida.
Era natural que los griegos, que a todo querían dar forma humana, antropomorfizaran al toro y a la cabra y le dieran a Pan pezuñas y un enorme miembro viril. A Príapo, dios de la reproducción y de las cosechas en general, era lógico que se le representara también con un enorme falo. Y al asociarlo la Iglesia con Satanás, le concedió iguales características y le permitieron acoplarse con cien mujeres en una sola noche, como antes había hecho Herakles, el que los romanos conocieron con el nombre de Hércules.
El cuerno de Pan —del que derivaría el de la abundancia— se transformó en símbolo fálico, que aparecería también en el cetro real, en el caduceo, en los obeliscos e incluso en el árbol del Edén. El rabo erguido de Satanás y de todos los demonios lo era también. Los romanos no vieron ningún mal en las fiestas dedicadas a Baco —llamadas por eso bacanales—, que tenían lugar dioses amantes de la naturaleza no sólo eran unos amantes furibundos de la concupiscencia sino que portaban cuernos y patas de cabra era lógico que también los tuviera el diablo. Hizo de todos ellos un solo personaje que sería visto con horror. El clero prohibió a sus feligreses aproximarse a aquellos dioses abominables, so pena de ir todos de cabeza al infierno y arder vivos a ratos, y a ratos ser víctimas de los demonios. Tornó a la sociedad puritana en extremo, pero se sabe bien que las prohibiciones no suelen conducir a nada edificante. La Iglesia nada pudo contra algo innato en los seres humanos, como es el instinto sexual. Se rebelaban los seres humanos a menudo y aparecía con renovado vigor el sexo de dos maneras: con histeria sexual, como en caso de las posesas de Loudun y Salem, o con el acercamiento al satanismo y a todo lo que oliera a las prácticas antiguas.

conjuros satanás

Satanás

 

Volver a Brujería de hoy y de ayer