La magia de ayer es la ciencia de hoy
Lástima que en el Pentateuco, o Cinco Libros de Moisés, nada se diga acerca del origen de la magia. Los primeros versículos del capítulo VI del Génesis relatan muy por encima lo sucedido con los hijos de Dios, que llegaron a la Tierra y tomaron para sí a las hermosas hijas de los hombres, lo que molestó en grado sumo a Jehová. Pero existe otro texto antiguo, considerado apócrifo y carente de valor sólo porque no fue aprobado por los Padres de la Iglesia, que parece ampliar este pasaje bíblico e incluso hace referencia al nacimiento de la magia entre los humanos. Se trata del Libro de Enoc.
Explica el texto que «en aquellos días en que los hijos de los hombres se multiplicaron, sucedió que les nacieron hijas bellas y deseables. Y cuando los ángeles, hijos celestiales, las contemplaron, se enamoraron de ellas y se dijeron que deberían acercarse a ellas, escoger las más hermosas y tener con ellas hijos».
Los capítulos VII y VIII del mismo libro siguen explicando que fueron doscientos los que descendieron hasta Aradis, lugar situado cerca del monte Armón. Era su jefe Samyaza, y lo acompañaban Urakabaramel, Akibel, Tamiel, Ramuel, Daniel, Azkael, Saraknyal, Azael, Amers, Batrael y otros que fueron los jefes de los ángeles que pisaron la Tierra.
«Escogió cada uno a una mujer y todos ellos se acercaron a ellas y les enseñaron la magia, los encantamientos y las propiedades de las raíces y de los árboles. Y aquellas mujeres concibieron y tuvieron gigantes cuya estatura era de trescientos codos.»
«Azael enseñó a los hombres a fabricar espadas y cuchillos, escudos y corazas y espejos. A las mujeres les enseñó a fabricar brazaletes y a pintarlos, el arte de pintarse las pestañas, de utilizar las piedras preciosas y toda clase de tintes, de tal manera que todo el mundo quedó corrupto. Y creció de este modo la impiedad.»
«Amararak les enseñó los sortilegios, los encantamientos y las propiedades de las raíces. Amers les enseñó el arte de resolver los sortilegios. Barkayal el arte de observar las estrellas, Akibel los signos y los caracteres mágicos, Tamiel la ciencia de los astros y Arabel los movimientos de la Luna.»
Esto es lo que dice el Libro de Enoc acerca de los orígenes de la magia, que colocaba a la par con el estudio de la astronomía. En cuanto al elemento femenino, no hay duda de que aquellos ángeles supieron como tratarlo. Lo más interesante del texto es mostrar que magia y ciencia fueron en los tiempos más remotos de la mano y que debieron de existir dos tipos de magia, la natural y la ritual.
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Arriba, grabado original de Gustavo Doré que representa el despido de los ángeles malos del Cielo. Una vez en la Tierra, enseñaron a los seres humanos todas las artes mágicas, que incluían sortilegios y encantamientos, además de ciencias útiles. Bajo estas líneas, grabado en el que se puede ver a Josué ordenando al Sol y a la Luna que se detengan. Este hecho, consignado en el libro bíblico que lleva su nombre, puede ser considerado un género de magia natural, o un milagro. |
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