Historia de una joven a quien agradaba ser bruja
Isobel Gowdie era una joven seductora que vivía cerca de Auldearne, en Inglaterra. Se aburría en casa porque su marido era un gañán dueño de una granja, muy inferior a ella en cuanto a intelecto y encantos. Además era celoso. En 1647, recién cumplidos los veinte años, Isobel encontró a un hombre vestido de gris que la invitó a acudir a un aquelarre. Según confesaría años más tarde, se transformaba en gato a su voluntad y mantenía relaciones sexuales con todos los demonios al servicio de Satanás. Añadiría que el diablo era algo serio: una vez entró en su propia casa cuando dormía junto a su esposo y se tendió sobre ella. Isobel confesaría que Satanás no hacía nada mal el amor, pero que tenía su esperma demasiado frío para su gusto.
¿Vivió Isobel aquellas increíbles aventuras que giraban en torno al sexo? ¿Eran producto de su exaltada imaginación, al verse privada de sentimientos amorosos por parte del bestia de su marido? ¿No es de pensar que la frustración sexual que sufría terminase por crear en su mente fantasmagorías eminentemente masoquistas en las que intervenían de manera decisiva un Satanás acerca de cuyos poderes sexuales tantas veces la había prevenido el señor cura en la iglesia? No hay duda de que sentirse pervertida sexualmente debió ser para Isobel como un dulce veneno, que el acentuado puritanismo de la época contribuyó a agudizar. Lo malo fue que no se contentó con soñar con el sexo, sino que dio a conocer a sus amigas sus delirios. Entonces comenzaron para ella los problemas.
Cuando quince años más tarde fue sometida a interrogatorio, los días 13 de abril al 27 de mayo de 1662, se deshizo en confesiones que sorprendieron a los jueces. Estos le ordenaron desvestirse y examinaron su cuerpo, en busca de la marca que el diablo suele dejar en sus escogidas. En lugar de sufrir por lo que otras mujeres hubieran considerado una vejación, Isobel obtuvo de ello un enorme placer. Finalmente fue condenada a muerte. No dice la historia si murió en la horca o en la hoguera. Es posible que sucediera lo primero, porque a los ingleses les desagrada el espectáculo de ver arder a alguien.
![]() |
Grabado de 1647 en el que aparece Matthew Hopkins, el cazador de brujas inglés, en compañía de dos brujas confesas
acompañadas de sus «familiares». Tal era el nombre concedido a los animales satánicos que intervenían con ellas en sus ceremonias mágicas. |
