¿Fue un auténtico mago o sólo un farsante?

Ciertos incidentes observados por sus fieles amigos permiten suponer que Crowley logró desarrollar poderes muy especiales. En su época de universitario lo habían visto apagar una vela sin soplar, por su sola voluntad. Y estando en Cefalú realizó varias predicciones que resultaron ciertas.
Betty Loveday, una mujer que lo conoció bien, decía que una gata lo rasguñó en cierta ocasión. Crowley ordenó al animal no moverse durante tres días, hasta la hora de su sacrificio. La mujer hizo todo lo posible por salvar al felino: se lo llevaba en brazos a otro sitio, pero la gata regresaba siempre al lugar que le ordenaron, sin comer ni beber, hasta que llegó el momento de su muerte.
De acuerdo con los biógrafos de Aleister Crowley hubo siempre dos personas muy distintas dentro de su ser: una bestial, que pretendía satisfacer sus brutales apetitos como diera lugar; y otra más íntima que poseía ciertos poderes que en muy contadas ocasiones ponía de manifiesto.
Cuando murió en 1944, en un pequeño pueblo del sur de Inglaterra, se sentía terriblemente fatigado de todo cuanto había hecho en su juventud. Le faltaban unos meses para cumplir setenta años de edad. Para entonces había llegado a su fin la fortuna de su padre el cervecero. Se debatía en la pobreza y su salud estaba arruinada por el abuso de las drogas.


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Benito Mussolini, al enterarse de las prácticas que venía llevando a cabo el brujo satanista Crowley en su Templo de la Magia, situado en la isla italiana de Cefalú, dio al traste con ellas, expulsándolo del país sin contemplación alguna. No obstante, para entonces habían sido muchos los adeptos que habían pasado por el citado templo.

 

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