Era preciso encontrar a Adolfo de Jesús Constanzo
La policía emprendió también la búsqueda de Sara María Aldrete, de veinticuatro años, estudiante del Texas College, en Brownsville, que debía ser la compañera de Constanzo. Al presentarse en la casa que la joven tenía en Matamoros, la policía encontró un altar manchado de sangre y decorado con cirios negros.
Sara María contaría más tarde que el 11 de abril ella y Constanzo habían visto por televisión un reportaje sobre los cuerpos hallados en el rancho Santa Elena. Preguntó ella a su amigo acerca de lo sucedido y le contestó Constanzo que se ocupaba de dirigir el culto satánico. Añadió Sara María que los dos huyeron a la ciudad de México, donde un amigo les había brindado su casa.
Al cabo de unos días se desplazaron a una cabana en la montaña y regresaron a la capital para ocultarse en casa de unos amigos que trabajaban en el mundo de las drogas. Por mala suerte para la pareja, la policía de narcóticos seguía la pista a aquella gente y el 6 de mayo irrumpió en el lugar donde se ocultaban Constanzo, Sara María y los amigos.
Los miembros de la banda comenzaron a disparar cuando los agentes llamaron a la puerta. Constanzo se dio cuenta de que sólo se abrían para él dos caminos: ser capturado o ser muerto. Pidió a los demás que lo mataran y Martín Quintana se ocupó de ello. A continuación, se rindieron todos a la policía. Interrogada la joven por la policía, negó haber sido la sacerdotisa del culto satánico. Insistió en jurar que nada sabía de los asesinatos rituales ni participó en ellos. Pero más tarde confesó que había sido iniciada en el culto satánico.
Siguió diciendo que había conocido a Constanzo cuando paseaba por Matamoros, el año anterior, y que se hicieron buenos amigos. Ella quedó muy impresionada cuando él le leyó el tarot con gran maestría. Lo halló lleno de encanto y por esta razón no vaciló en pertenecer a lo que Constanzo insistía en llamar santería cristiana, una especie de vudú, mezclado con catolicismo y viejas creencias africanas.
Un día Sara le presentó a su anterior amante, Elio Rivera, quien se interesó en las formas de proteger su negocio por medio de la magia. En aquel momento formaron los dos una alianza. Añadió Sara María que jamás intervino en la matanza, y esto sería confirmado por Alvaro de León, un miembro del culto, pero añadió que presenció la muerte violenta de dos víctimas y que no quiso intervenir para salvarlas.
En la misma Florida donde creció Constanzo ha aumentado en los últimos veinticinco años el satanismo de manera tan sorprendente como criminal. En mayo de 1973, unos jóvenes fanáticos guiados por Deborah Shook, una joven de veintidós años que se hacía llamar la diosa de Satanás, se reunieron en su capilla. Martirizaron en ella a una joven de diecisiete años y terminaron asesinándola, se ignora por qué motivos.
A cambio de esto, años más tarde seis miembros de la secta conocida como los contempladores de Noé, que vivían en la culta y pacífica Suiza, asesinaron a una adolescente, a quien acusaron de ser la amante de Satanás.
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Desde el rancho Santa Elena, en la ciudad fronteriza de Matamoros, México, Adolfo de Jesús Constanzo y su banda transportaban semanalmente una tonelada de marihuana al país vecino. |
