Dos casos de maldición sucedidos en Egipto
En 1879 se descubrió la tumba de Khafa Amon, quien había sido sacerdote en tiempos del faraón Merenptah y debió ser dueño de poderes extraordinarios. En su ataúd apareció una inscripción en la que se amenazaba con el fuego eterno, que sería lanzado por una cobra esculpida a un costado, a quienes osaran perturbar su sueño eterno. La expedición transportó el féretro con el cuerpo momificado a El Cairo, donde lo adquirió lord Harrington, un aficionado al arte. Dejó en custodia el tesoro mientras viajaba al Sudán, a cazar elefantes, porque para eso había viajado a África. El primero que se le puso delante no le dio tiempo a disparar. El aristócrata inglés había cometido el error de no llevar consigo un amuleto.
La siguiente historia sucedió en 1880, cuando Douglas Murray, de profesión deportista británico, viajó a Egipto con la sana intención de cazar lo que se le pusiera delante. Lo único que cazó fue una maldición, por haber comprado cerca de Tebas la momia de una antigua sacerdotisa medio bruja. Fue a cazar poco después y la escopeta le reventó en las manos y hubo que amputarle un brazo. El deportista prefirió el suicidio a presentarse manco ante su prometida. Se mató con otra escopeta que le quedaba. Pero antes de irse al otro mundo se ocupó de mandar la momia a Londres.
Fue a parar al Museo Británico, donde la despojaron de las vendas. Se vio que se encontraba muy bien conservada, con el rostro con huellas de maquillaje, los cabellos ondulados, las cejas finas y las pestañas abundantes. Los labios eran sensuales y la dentadura estaba completa, pero la expresión del rostro era de maldad. A su arribo al museo, la momia provocó la muerte de varias personas, razón por la cual no hubo más remedio que guardarla en el sótano.
A fines de 1912, el museo vendió la momia al Museo Metropolitano de Nueva York y fue transportada en el Titanio. Otra versión dice que fue lord Canterville el comprador, que se la llevó en ese barco para vendérsela a un petrolero tejano. Una tercera versión afirma que la momia no se hundió en el mar. Se mantuvo flotando y, una vez rescatada, fue vendida a un señor de Montreal que se asustó al conocer la historia y la mandó de vuelta a Inglaterra en el Empress of lreland. El barco se hundió en el río San Lorenzo, pero la momia volvió a salvarse flotando.
Volvieron a embarcar la momia en 1916, en el H.M.S. Hampshire, que se hundió también, con todo y el almirante Herbert Kitchener, mandamás de la Armada británica. A la postre, todo resultó un fraude, al quedar demostrado que ninguna momia egipcia fue jamás embarcada en el Titanio. Sin embargo, en el Museo Británico se dijo que Douglas Murray existió realmente y que, junto con su amigo el teósofo William T. Stead, conocieron a una mujer que poseía una momia con poderes muy extraños que siguió conservando después de su muerte.
No sólo los amuletos sirven para defenderse de los hechizos o para lanzarlos. Hay palabras mágicas de enorme valor, como es abracadabra, así como alimentos y brebajes para realizar ciertos hechizos. Son los afrodisíacos para atraer el amor de alguien que se desea conquistar sin molestarse en emprender su conquista. En ocasiones intervenía como afrodisíaco el tomate, que se mezclaba a la comida o a la bebida. Era infalible porque dulcificaba la sangre y predisponía favorablemente hacia la persona que se desvivía por agasajar al incauto.
Había también entonaciones y cánticos para defenderse de los enemigos y de los rivales, y hechizos para que reinara la concordia en el hogar y ninguno de los cónyuges sintiera el menor deseo de ir en busca de otro amor fuera de casa. El té de valeriana y el de verbena eran lo más indicado para evitar tales calamidades de orden doméstico. Y lo que sobraba de la infusión daba muy buenos resultados si se vertía por toda la casa, aunque tocara a sólo unas gotas para cada habitación.
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Momias egípcias |

