Cómo reconocer a una bruja
En el siglo XV, cuando reinaba en Inglaterra Jacobo I Estuardo, el pastor evangelista John Bell daba una receta infalible para saber si una mujer era bruja: al ser detenida gritaría al instante Kyríe Eleison y soltaría a continuación tres lágrimas, pero sólo del ojo izquierdo. El tribunal que juzgaba en Francia a las acusadas de practicar la brujería decía, en cambio, que las brujas no pueden llorar y que los maleficios vienen siempre del lado izquierdo.
Por supuesto, nadie puede afirmar que las brujas fueran o no capaces de derramar lágrimas, pero sí que los ungüentos por ellas utilizados para frotar el cuerpo en su parte izquierda —solamente podían hacerlo con la mano derecha— y en el cuello terminaban por producir una inflamación de los nervios del ojo izquierdo y la dilatación de la pupila.
La mano derecha ha sido siempre la del Bien, la que bendice, la utilizada para ahuyentar o exorcizar al diablo. Por esta razón, resulta curioso que las brujas echaran mano de ella para untar el cuerpo con aquella horrible mezcla. La izquierda era la mano del demonio, utilizada por los hechiceros en sus ritos.
Uno de los cazadores de brujas más conocido en Europa fue el inglés Matthew Hopkins, a quien daban el sobrenombre de Witch Finder, o localizador de brujas. Este sujeto cobraba 25 chelines por cada víctima apresada, lo que le permitió amasar una fortuna y convertirse en un hombre respetable. En el solo condado de Essex logró colgar a sesenta mujeres en un año, además de echar a un pantano a todas las mujeres que presentaban las sigilla diaboli, o señales del diablo. Todas se ahogaron, lo que demostró su culpabilidad.
El propio Jacobo I había apoyado la prueba del agua diciendo que ésta «se niega a recibir en su seno a quienes renunciaron a las ventajas del bautismo». Sin embargo, las víctimas fueron muy afortunadas en Inglaterra. No morían jamás achicharradas, sino que las mandaban a la horca.
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La prueba del agua era infalible: si la mujer se ahogaba, sin duda se trataba de una bruja. El grabado muestra las escasas posibilidades de las acusadas de probar su inocencia. |
