Aparece el dueño del rancho y da una explicación

La policía buscó entonces a Elio Rivero, dueño del rancho Santa Elena. Era el sospechoso número uno del crimen colectivo sucedido en sus propiedades. No pareció sorprenderse cuando lo halló la policía. Explicó que había cuatro sospechosos del espantoso asesinato y dio sus nombres. Poco a poco, al ser éstos interrogados, fue saliendo a la luz la historia aterradora de una banda de traficantes de marihuana y otros enervantes que practicaban ceremonias satánicas consistentes en sacrificios humanos.
Lo hacían para obtener de Satanás una eficaz protección y no ser atrapados por la policía mientras transportaban a través de la frontera casi una tonelada de marihuana por semana. Según pudo averiguar la policía, el jefe de la secta satánica era un tal Adolfo de Jesús Constanzo, que dirigía los sacrificios celebrados en la cabana. Fue él quien ordenó en el mes de marzo la captura de un muchacho norteamericano, el que fuera, para el rito que debía realizar. Quiso la mala suerte que fuera éste Mark Kilroy, a quien el propio Constanzo sacrificó de un machetazo en el cuello.
Resultó imposible localizar a Constanzo, pero se dio a conocer su descripción. Era delgado y pelirrojo, de veintiséis años de edad. Había nacido en Cuba, pero creció en Miami. Poseía cierta reputación como clarividente y místico, y sus poderes ocultos inspiraban tal sentimiento de admiración y lealtad entre sus amigos que lo llamaban el Padrino.
Siendo todavía un adolescente practicó en el sur de Florida la santería, una forma caribeña del vudú. Con justa razón, la policía halló en la cabana del rancho de Santa Elena, además de restos humanos, numerosos cirios negros y cigarros a medio quemar, así como ristras de ajos y pimientos picantes —chiles los llaman en México— que debieron ser elementos integrantes del rito. También se encontró una vara de santería, conocida como palo mayombe.
Para obtener el apoyo de Satanás, los individuos cocían los cerebros y los corazones y les añadían huesos humanos y cabezas de ganado, para preparar un ungüento o tal vez una pócima. De esta forma sacrificaron a no menos de veinticuatro personas en un lapso considerablemente corto.

satanismo

Aunque a veces no pasen de ser simples escenificaciones de dudoso gusto, con demasiada frecuencia, por desgracia, las prácticas rituales de los grupos satanistas derivan en espeluznantes crímenes.

 

Volver a Brujería de hoy y de ayer