En vez de agasajar materialmente a Aries, es preferible demostrarle que se le tiene en cuenta, que sus opiniones nos resultan fascinantes, sus conocimientos nos abruman, o que sus órdenes son acatadas con premura. Ante todo Aries quiere que su presencia no pase desapercibida.
Pero para ganarse las simpatías de este nativo no basta con adularle y dorarle la pildora. Habrá que ser ante todo sincero y muy directo y decir las cosas con gran espontaneidad. A Aries le gustan las personas enérgicas, de causas idealistas y con propósitos claros en su vida.
Cuando uno se dirige a Aries con la intención de entablar una relación, cualquiera que sea, es fundamental mirarle directamente a los ojos y hablar con el corazón en la mano. Las cosas importantes de la vida no son motivo para divertirse ni para jugar. Para Aries sus sentimientos, o simplemente su tiempo, son sagrados. Andar bromeando o tonteando con ello es más que suficiente para que Aries se enoje y te tache de un solo plumazo.
Cuando se quiere conquistar a un nativo de este signo hay que poner mucha atención para respetar al máximo su espacio personal. Que le invadan o que le tasen su propia libertad personal, lo crispará hasta el punto de desenamorarse si es preciso.
Con Aries hay que ser liberal, independiente, interesante, fogoso y tener buen humor. La risa, la vivacidad y la chispa atraen mucho al nativo de este signo. Además Aries querrá conocer los cambios, las oportunidades y las ventajas que la nueva relación, aún por establecer, le brinda. Si se le deja proyectar un futuro común, lo pasará como un niño.
Para que no decaigan los niveles de embriaguez sentimental, el compañero o compañera de Aries tendrá que entrar y participar de los ideales de Aries. Compartir sus intereses personales es algo casi imprescindible a la hora de querer ganarse la simpatía de un hijo de Marte.
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