El juicio imparcial de este nativo que a veces o casi siempre se juzga a sí mismo con excesiva severidad, suele despertar bastante expectación. Su honestidad raya por lo general con la crudeza, y la sinceridad con que lo expone todo recuerda a la entrega devota de algunos mártires. ¿Qué es lo que hace que el nativo de Acuario se comporte así? ¿Por qué a veces da la sensación de que va en contra de sus propios intereses? Quizá la respuesta la encontremos en el mito de Prometeo, que robaba a los dioses para regalarlo a los hombres, que en resumidas cuentas eran parte de su propia creación. Prometeo bien podía haber hecho la vista gorda y haber disfrutado de la buena vida del Olimpo, sin embargo optó por el camino más difícil: ayudar a los hombres, y fue su tremendo amor por la humanidad lo que le llevó al suplicio que Zeus le impuso.
Muchas veces se dice que la excentricidad propia de Acuario es una mera forma de lucirse -y esto bien puede ser verdad-, pero aún así habría que saber qué es lo que pretende el nativo con tal actitud, ya que el egoísmo y el pavoneo no van con su naturaleza. Por lo general, se conoce a un Acuario por sus repentinos cambios de parecer, o sus inesperadas decisiones a la hora de irse de vacaciones. Además de mantener una secreta y profunda vida interior, el Aguador no quiere o, mejor dicho, no soporta, que nada ni nadie manejen su vida. Tal es su deseo de independencia e intimidad, que Acuario es muy capaz de masticar y elaborar un proyecto sin apenas hacer comentario alguno. Pero también hay otro aspecto responsable de este tipo de comportamiento: la fuerte intuición mental que azota a este nativo. Seguramente ésta constituya uno de los pilares de su vida, por eso el Aguador siempre deja una puerta abierta, para poder hacer uso de ella en el momento en que visualice mentalmente lo que tiene que hacer.
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